martes, 22 de mayo de 2012

La destrucción de los cactus pendencieros... (4ª parte y última)

...Y SU CON­VERSIÓN EN MATERIA PLÁSTICA CÓMEME EL LÉGAMO y otras en las que me hubiera gustado no haber entrado nunca. no podrás odiar si de verdad has amado. buscarás el rencor, olvidar. cuando en­cuentres el recelo, el miedo, el pesar, sentirás odio, pero de ti mismo. para entonces, los días no serán más que un infierno de tristeza explosiva derretida en las manos. tener la mente fría, y alguna posibilidad de triunfo. porque, en el fondo, quién no quiere ocupar el lugar del bece­rro de oro, aunque sólo sea en la ilusionada sonrisa de un crío? con frecuencia, la vida no es sino un traje demasiado ancho de mangas. crecen y crecen hasta convertirse en oscuras alcantarillas y bocas de metro, y se escapan tantas cosas. no, no siento nada, no quiero sentir nada. estoy encadenado a algo que en realidad, nunca existirá. el resentimiento es donde prime­ro buscaron los malvados azules. una vez lo controla­ron, clavaron su servilismo y su frustración en mi descon­cier­to. calma, calma, y aceptar las cosas como vie­nen, antes de que la herida sea tan profunda como para impedir­ rehacer mi existencia. y reaccio­nar rápido, porque de no hacerlo, no tardaré en lle­gar a ese punto en la leja­nía, desierto blanco de recuerdos calcinados, del que jamás se vuelve. y es que la mente necesita sorpren­derse a sí misma, salir de la rutina, buscar espacios abiertos en donde se sienta necesaria, imaginativa, diver­tida...

(texto extraído de Cuando las ganas de follar aprietan..., obra póstuma de Jack Lingualunga)

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