miércoles, 1 de septiembre de 2021

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Imagen cortesía de Alma Estela M.-M.
la dama de cartón-glicerina y ojos de pistacho vuelve a casa de madrugada. abre la puerta, se descalza y danza y danza con frenesí giróvago. descorazonados labios de secas preguntas-sin-respuesta le espetan: ¿qué voy a hacer el día que te hartes de mí? trabajo-cansancio-fracaso. ninguna estrella ilumina la senda que conduce a la esfinge de nuestra intimidad. en la televisión, un clásico del cine negro, con sus ángeles con caras sucias y su tableteo de metralletas. un par de policías barajan ocio y deber en la cálida penumbra de una barra americana. Mesalina García llena los vasos atenta a la lumbre de los corazones. su mirada es un silencio eléctrico que eriza los bigotes de los gatos bajo la lluvia venérea. calle Melancolía emergiendo cual fatamorgana alojada en la memoria. no podrás odiar si de verdad has amado. una vez te atrapen el recelo y el rencor, sentirás odio, pero de ti mismo. rehacer nuestras vidas a través de sorbos largos de ginebra y pequeños poemas tuétano escritos con lápiz de ceniza. perdida en el laberinto de la Historia, abres su libro y lo volteas. caen de sus páginas un héroe maldiciendo su gloria, un obrero despreciando su salario y un artista renegando de su legado. pero ni un coloso conseguiría soltar al rey, a resguardo de la gravedad en la alígera futilidad de sus ocupaciones. hay estancias en mi mente que jamás has hollado, como umbrales en la tuya que lamento haber cruzado. mi cuerpo es una flecha a la que le nacieron ramas, reviradas como sueños. trepas por ellos hacia ese reflejo lejano donde nada se pierde ni se merece, sino interferencias.

Ruleta rusa