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| Sandy Cunningham, View of St Paul's from Ludgate Hill |
13 de julio. camino del hotel, maleta en ristre, tras descender del tren en la estación de Paddington. primeras impresiones de una ciudad en la que tanto he vivido sin haber puesto jamás el pie en ella. primer olor percibido, nada más bajar al andén del metro: el de las estaciones de mi infancia. ¿mera sugestión?
calor implacable. a pie de obra, sentados sobre una barrera New Jersey roja y blanca, un grupo de trabajadores aprovecha la sombra del andamiaje para almorzar. respondiendo a mi curiosidad, explicación de N sobre el origen de las mews, antiguas caballerizas reconvertidas en viviendas, como las situadas en la parte trasera del edificio. almuerzo en un café -Les Filles- cercano al hotel. ella, totalmente desbordada por la emoción del retorno tras casi once años de ausencia; yo, planteándome qué Londres nos espera, ¿el de sus recuerdos o alguna versión local del parque temático mundial tan en boga?
Kensington Gardens y Hyde Park. rodeados de una hierba mortecina, el Arco óseo de Henry Moore, la escultura de Peter Pan -eternamente rodeada de niños de todas las edades- y la fuente memorial de Diana, hoy sin agua. una luminosidad sin mácula tiñe de ensueño el paseo por el sendero a orillas del Serpentine.
aterrizaje en la atestada Picadilly tras cinco días en la campiña: salto sin paracaídas. decepción de N ante la visión del pobre Eros (es decir, Anteros) atrapado entre las pantallas que tapan la restauración de la icónica fuente, borrada en un pispás una vez entramos en Theatreland y vuelven a su mente las imágenes de los musicales presenciados. fotografías de Leicester Sq, Chinatown y Trafalgar Sq, ejecutadas con la frialdad de un francotirador en misión rutinaria.








