miércoles, 1 de abril de 2026

hoptimismo

ahí vuelve el ladrón de alegrías, escurriéndose por la garganta del reloj de arena con su rostro poliedro y sus artes de número primo, dándote en los morros con el texto de una comedia demasiado trágica como para sentirla tuya, Segismundo en las mazmorras del estrés, la bronca y el trabajo mal remunerado. sonrisa de alquiler y flema impostada son tu grotesco paraguas frente al huracán de la infamia que preside estos tiempos inversos, en que el progreso es involución; la justicia, impunidad; el acuerdo, casus bellila vigilancia, libertad; la mentira, posverdad; y los focos, el mejor aliado de la oscuridad.

"¿y no fue siempre así?", te inquiere severo el retrato en boina del abuelo, para quien las rejas no siempre fueron simple metáfora. "mala tortilla sale de mezclar desengaño con cinismo y sarcasmo". ¿pero cómo voltear la querencia? ¿quizá batiendo ojos, oídos y manos a la búsqueda de palabras que lo digan todo sin significar nada? ¿o tal vez pochando geografías de gravedad fracturada: marinas con oleaje de estrellas, volcanes con alma de hielo, cielos de arena atrapados en un naufragio de espejos? "anda, calla un rato, ponte a pelar las patatas y aprende... del jardinero ilusionado con una plaza de abrazos, con árboles frondosos bajo los que conversar o dejarse soñar; de la taxista exhausta extasiada ante el espectáculo de vislumbres tras el aguacero; del anciano que rellena el balde de la memoria hasta que rebosa de presente; de la alumna que aprende a trazar cuadrados elípticos o del óptico cuyas lentes revelan lo invisible; del interno que convence al celador de que los locos siguen fuera; de la puerta siempre abierta y el viento que no se lleva las palabras; del temblor de los muslos, infinitamente más poderoso que el aleteo de la mariposa; de la pancarta de la joven en su primera marcha o el anhelo del quiosquero de un amanecer con buenas noticias".

en este punto, una vez retirada la tortilla del fuego, la sirves en el plato y extiendes el mantel a resguardo de la intemperie. después de brindar por el abuelo, con el primer bocado, añades una h a tu flamante hoptimismo para hacerlo todavía más explícito y rebelde.

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