"¿y no fue siempre así?", te inquiere severo el retrato en boina del abuelo, para quien las rejas no siempre fueron simple metáfora. "mala tortilla sale de mezclar desengaño con cinismo y sarcasmo". ¿pero cómo voltear la querencia? ¿quizá batiendo ojos, oídos y manos a la búsqueda de palabras que lo digan todo sin significar nada? ¿o tal vez pochando geografías de gravedad fracturada: marinas con oleaje de estrellas, volcanes con alma de hielo, cielos de arena atrapados en un naufragio de espejos? "anda, calla un rato, ponte a pelar las patatas y aprende... del jardinero ilusionado con una plaza de abrazos, con árboles frondosos bajo los que conversar o dejarse soñar; de la taxista exhausta extasiada ante el espectáculo de vislumbres tras el aguacero; del anciano que rellena el balde de la memoria hasta que rebosa de presente; de la alumna que aprende a trazar cuadrados elípticos o del óptico cuyas lentes revelan lo invisible; del interno que convence al celador de que los locos siguen fuera; de la puerta siempre abierta y el viento que no se lleva las palabras; del temblor de los muslos, infinitamente más poderoso que el aleteo de la mariposa; de la pancarta de la joven en su primera marcha o el anhelo del quiosquero de un amanecer con buenas noticias".
en este punto, una vez retirada la tortilla del fuego, la sirves en el plato y extiendes el mantel a resguardo de la intemperie. después de brindar por el abuelo, con el primer bocado, añades una h a tu flamante hoptimismo para hacerlo todavía más explícito y rebelde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario