Se abre el telón y sale... ¿Cuánto chistes podemos reunir bajo el paraguas de tan absurdo prólogo? Tal vez un número no mucho menor al que obtendríamos de reunir adioses en estaciones ferroviarias, lágrimas en días de vino y rosas, risas secuestradas por un tribunal de cómicos incapaces de aceptar la nada alquímica mudanza de las carcajadas en sonrisa piadosa y llanto de candilejas.
Pero a lo que íbamos, se abre el telón y aparece... ¿qué? ¿un pelmazo del pasado? ¿un evento consuetudinario que acontece en la rúa? ¿un plátano isósceles? No, es simplemente un tripudo y trasnochado Ulises, odiséacamente en cueros salvo por unas ridículas pantuflas, dirigiéndose -no queda muy claro- si a la letrina o al mueble-bar a por un último trago de ouzo.
Podría ser el inicio de algún acto de una (mala) comedia de Aristófanes. Si encima el Politropos pisara una rana, y la rana croara "Mari-ano" como un loro (o mejor aún, "Mas! Mas! Mas!" con intermitencias orgásmicas), el delirio nos llevaría a un (mal)
sketch del añorado Pepe Rubianes. Viene esto a cuento, desocupado y seguramente embriagado o resacoso lector,
mon semblable,
mon frère, porque lo que te espera a partir de aquí, si eres capaz de seguir aventurándote por esta entrada tan falaz como ruin, en este día-residuo de
reseteo anual y trueque de malos por peores augurios, es una auténtica chaqueta mental tamaño récord Guiness y que, por supuesto, podrías perfectamente evitar, sin ir más lejos, dirigiendo el cursor hacia la sección BLOGS QUE OJALÁ HUBIÉRAMOS CREADO NOSOTROS de esta misma bitácora. Avisado quedas. Prosigo.