jueves, 1 de octubre de 2026

Camprodon

Camprodon, un año más tarde, 365 días más cansado. ¿qué hacer ahora que el cuerpo se rebela ante cualquier contratiempo? ¿cómo lidiar con la inquietud, con este malestar sin causa que arrambla con todo, que es a un tiempo temor, urgencia, hartazgo y pereza, ganas de no abrir boca, de taparse ojos y oídos, de enclaustrarse en uno mismo para escurrir la imaginación hasta dejarla con menos caudal que el Ter este verano.

de nuevo las angostas calles empedradas por las que pajareaste echando el lazo a los diversos detalles arquitectónicos -que si esta tribuna, ese balcón de madera, aquel esgrafiado, el recercado de piedra o la cenefa de cerámica vidriada-; curioseando en las tiendas ajenas al tiempo; endulzándote la vida con ametllats, camprodonins o porquets; pasmándote ante la polícroma visión de las fachadas asomadas al Ritort. ¿qué queda una vez llega la certeza de haber exprimido todo el jugo a la vida, cuando cada mañana se anuncia como un combate amañado entre cobardía y temeridad? ¿repantigarse en alguna terraza de la plaza frente al hotel para, cerveza en mano, ver pasar la película de los demás mientras gruñe el perro negro?

Ruleta rusa