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jueves, 26 de junio de 2025

acorralado por Matisse, le llovían Magrittes del suelo o el artista y la modelo

L'atelier rouge, H. Matisse

¿y qué diantres hacer con las voces que resuenan todo el rato en los tabiques de su cabeza, con el tropel de ideas y vivencias, la jauría de percepciones que lo acosa? fantasías y fantasmas se deslizan sigilosos por las cornisas de la mente. hay que bajar las persianas, entregarse al ritual de la pereza, buscar desde la dilación del sentido las rendijas de lo oculto, en la espera del instante en que, de un solo trazo, aflore la verdad desnuda.

lunes, 14 de agosto de 2023

arte moderno

Merda d'artista, Piero Manzoni
magnetismo, guarismo, cataclismo, espejismo:
ismos sin manifiesto.

barrida de la utopía por una distopía hecha realidad, con el cuerpo todavía embadurnado de firmamento, se arroja sobre el lienzo y lo goza una y otra vez, insumisa a rendir su desencanto a las tendencias en boga.

cincel y maza en ristre, tras ajustar cuentas con sus maestros, arranca al aire petrificado un relieve de gritos ahogados, antes de ser empujado al suicidio por la crítica más entusiasta.

viernes, 1 de abril de 2022

Kandinski, improvisación

Improvisación XIX (o El sonido azul), V. Kandinski
soñaba que se soñaba atrapado en un prisma de orquídeas eléctricas, aquellando lágrimas de vidrio con la aguja de su deseo, clamando a las musas del hielo por la posibilidad de filtrar un amor verdadero.

jinete de qué llanuras, nubes negras se cernieron sobre su galope sin cascos ni sombra. un temor hialoideo confió a sus manos el azul don de la mirada. mar acordeón, verde faro en llamas, hoz herida de la luna. ¿no es acaso la belleza conciencia peregrina al encuentro de su extrañeza?

domingo, 4 de abril de 2021

la reina

sale a la terraza del palacio y una vez más se rinde al armónico conjunto que se abre ante ella. el trémulo vaivén de la luz recién nacida del horizonte, el lento descender de los veleros por el río, la acompasada brisa de los flabelos: signos de la consumación del tiempo. cuando él posa las huesudas manos sobre su cintura, ella se deja estrechar con languidez. dedos, lenguas y sexos se deslizan como arena añorada del desierto y su ley inexorable.

sábado, 1 de agosto de 2020

la isla

Arnold Böcklin, La isla de los muertos.
Lúgubre isla me alumbrará continental
(C. Vallejo)

la isla da para un breve paseo en el que intuiciones, recelos o anhelos encuentran cobijo entre las sombras ganadas al tiempo. la lúgubre intimidad del jardín de cipreses, el graznido circular de los grajos sobre las rocas, brindan una turbia ilusión de arraigo, atemperada por la incesante sucesión de auroras y atardeceres en discanto embriagado. el recién llegado aprende pronto que solo su andar infatigable lo redimirá del olvido.

martes, 7 de julio de 2020

dos mujeres, segunda versión

DOS MUJERES. DOS SOLEDADES al desnudo, en las que el deseo revela su naturaleza elegíaca.

dos estancias robadas al subconsciente o al olvido. dos escenarios sin espejos, extraños a la vida y, por ello mismo, limítrofes con la eternidad.

jueves, 4 de julio de 2019

en las nubes

(para Sergio Sánchez-Pando, nubólogo gráfico,
esta breve compendio de nubología literaria)

men / Tackled with clouds

(Dylan Thomas)

Mi madre leía mala literatura, no era culta pero su imaginación me abría otras puertas. Teníamos un juego: "Mirar el cielo y buscar la forma de las nubes e inventar grandes historias." Esto ocurría en Banfield. Mis amigos no tenían esa suerte. No tenían madres que mirasen las nubes. (J. Cortázar)

El joven que ponía gasolina hablaba de sus amigas:
las nubes. (Ch. Simic)

Las nubes están unidas a la tierra y al viento.
Mientras haya nubes sobre Turín
será bella la vida. (C. Pavese)

viernes, 15 de marzo de 2019

Taula navegable

Taula navegable, de Jaume Roure
                                                 a Núria

quan la penombra
-potser prenyada de temps-
vessa el seu oliós mar
                 de cobalt
                 sobre la taula,
i arrossega
         la memòria de tasses,
              gotims, mapes,
                  vaixells de paper...

quan els llibres,
bojos nus brandant
              les seves fulles al vent,
ofrenen al buit
la funerària urna
              dels seus enigmes.

només la música sobreviurà a la foscor.


(trad. cast.: Mesa navegable: cuando la penumbra /
-quizá preñada de tiempo- / derrama su oleoso mar /
de cobalto / sobre la mesa, / y arrastra consigo /
la memoria de tazas, / racimos, mapas, / barcos de papel... //
cuando los libros, / locos desnudos blandiendo /
sus hojas al viento, / ofrendan al vacío /
la funeraria urna / de sus enigmas. //
solo la música sobrevivirá a la oscuridad.)


sábado, 9 de junio de 2018

Flaming June

It was the closing of the day: 
She loos'd the chain, and down she lay
(A. Tennyson)

"junio ardiente se desvanece entre las aguas calmas del atardecer cuando ella, sorprendida por un sopor fugitivo, se vence al sueño de la existencia. el vaivén rendido de sus cabellos, el repentino estremecimiento en sus brazos o el rumor de voces que nace del roce del vestido con su piel marina apenas consiguen disimular el enconado juego de anhelos y temores secretos que atraviesa su reposo."

viernes, 19 de mayo de 2017

ornithology

con el pájaro, el deseo o los labios: ORNITOLOGÍA. y ese miligramo de eternidad, antesala del chasquido de penumbra, faradios, soledad o alcohol. habría que latir un nuevo sentimiento para calcinarlo en palabras, en horizonte melódico surgido del extremo más ardiente de la noche. retumba el silencio y sobreviene la ceguera, y la convicción de que podrías traspasar los cuerpos con el fulgor de una sola nota. entornas los párpados:
                  aflora el deseo
                  como pájaro atrapado en los labios.

jueves, 8 de octubre de 2015

satélite del poliamor (homenaje)

el satélite se alejó hacia el cielo, 
estas cosas me sacan de quicio.
lo observé un buen rato,
aunque odio la televisión. 
satélite del amor.
el satélite se fue rumbo a Marte,
pronto estará repleto de coches
buscando estacionamiento.
satélite del amor.

domingo, 16 de noviembre de 2014

El aura

"El aura", Fabián Bielinsky
"De pronto las cosas cambian, es como si el mundo se detuviera y se abriera una pequeña puerta en la cabeza que dejara pasar cosas... ruidos, música, voces, imágenes, olores: olor a escuela, a cocina, a familia. Ahí ya sé que el ataque es inminente y no se puede hacer nada para detenerlo. Es horrible y perfecto. Y durante unos segundos sos libre. No hay alternativa. Todo se ajusta, se estrecha.
Entonces uno se entrega.”
¿Epilepsia o inspiración?

jueves, 6 de septiembre de 2012

Retrato de la condesa de Murillo

Sorprendió, entre los palafreneros, tiralevitas y mamporreros habituales cercanos a la retratada, la designación del bohemio (en todos los sentidos posibles en lengua castellana) Anton Raphael Mengs para la realización de la composición que hoy nos ocupa. Y no sólo por la notable distancia ideológica entre el personaje y su retratista, sino porque ya hacía algún tiempo que Mengs había renunciado al género que lo aupara a la gloria: el retrato.

Vaya por delante que, aunque descendiente directo del notable pintor y teórico neoclasicista de idéntico nombre, Mengs (llamémosle el Joven) andaba bastante lejos de la serena y austera elegancia escultórica de las composiciones de su afamado antepasado, con el que, sin embargo -según corroboran los historiadores consultados- compartía una irrefrenable mala leche y cierta inconfesable inclinación por las prostitutas noveles y la quiromancia.

domingo, 19 de agosto de 2012

Eduardo Chillida, ...que 10 años no es nada

Cada una de las esculturas de Chillida es, como un pájaro, un signo del espacio; cada una dice una cosa distinta -el hierro dice viento, la madera dice canto, el alabastro luz-, pero todas dicen lo mismo: espacio. Rumor de límites, canto rudo: el viento -antiguo nombre del espíritu- sopla y gira incansablemente en la casa del espacio (Octavio Paz).

Íbamos en la tarde, / bajo las nubes grises. / (Tú tocabas el límite.) // Íbamos en silencio / contemplando las piedras / alzadas de la tierra. (Andrés Sánchez Robayna, "Chillida Leku", 2002).

Con nobleza como la mar, no con malicia, esfuerzo constante sin aparente fin. ¿Para qué sus blancas y tremendas luchas? Así el arte, que no es refugio sino intemperie, no orienta. Quizás desorienta hacia adelante (Eduardo Chillida).


Nada más misterioso que el interés repentino que puedas sentir por un artista. Nada más caprichoso, en el más complaciente sentido de la palabra, que el inesperado hallazgo a través de su obra de la encrucijada en la que ingenuidad, intuición, visión, intelecto y enigma se revelan en todo su azar germinativo.

No menos inexplicable, al menos a priori, podría resultar haber vivido todo un año en Donostia y finalmente haber partido de allá sin haber contemplado El Peine del viento o, cuando menos, haberse dado de bruces con él en las infinitas correrías por la ciudad (lo justo sería decir, por los bares y garitos de lo Viejo, la playa de la Concha o los fondos del vetusto estadio de Atocha). No es de extrañar que, años más tarde, cuando uno se dejara impresionar por la obra de Chillida, dicha circunstancia acabará por hacer anidar en él una especie de molesto y vergonzoso molusco a modo de pecado original, que incluso le empujaría a -negando tercamente la realidad- creer que la instalación del célebre monumento había sido posterior a la temporada vivida en la capital donostiarra. En fin, nada que no pudiera solucionarse con la firme promesa de volver alguna vez allá para redimir la falta, un noble propósito que se vio acrecentado con la apertura en 2000 del hoy tristemente cerrado Chillida Leku. Pero pasó más de una década, tiempo suficiente, incluso, para que el artista nos dejara.

sábado, 18 de agosto de 2012

Un día en las fiestas de la Vila de Gràcia

"...que se le pasaban [...] las noches de claro en claro, y los días de turbio en turbio", en célebre cita cervantina, que tal vez defina como ninguna la vida cotidiana de un vecino de la Vila de Gràcia durante estos días de fiesta mayor. Y entre estos vecinos, uno de nuevo cuño, El Manco, uno de nuestros colaboradores insignia, que a pesar de las advertencias de amigos, conocidos y vecinos, ha tentado a su locura (tampoco tenía mucho que perder), y ha decidido cual reedición de "la más alta ocasión que vieron los siglos" afrontar el envite, buscando en medio de la bacanal un relámpago de inspiración que le permita ultimar -es un decir- esa novela coral que acabe por otorgarle la cima de la nada o de la miseria.

En deslavazada conversación telefónica mantenida ayer con nuestro amigo a primera hora de la tarde, este nos rubalcaba, uy, perdón, nos recalcaba dos palabras de peregrina pronunciación que se han añadido estos días a su todavía incipiente catalán: guarniments y envelat, o lo que es lo mismo, adornos y entoldado. Dos palabras que, de hecho, definen gran parte del ayer y hoy de estas fiestas. La tercera, sin duda, sería veïns, vecinos, los verdaderos protagonistas de todo, en tanto que nada de ello sería posible sin su dedicación, entrega y amor por este entrañable lugar, aún más evidentes a lo largo de estas últimas dos semanas, y sobre todo, según nos relataba El Manco, en las frenéticas 48 horas previas al inicio de las fiestas, cuando se deben colocar los guarniments que harán de cada calle un microuniverso, en el que en menos de 50 metros se suspende por unos instantes la percepción espacio-temporal habitual en favor una mucho más relativa, tal vez, a la manera de Döblin, más cercana a la lógica de los niños y de los locos.

Aunque no siempre fue así, según nos comentaba El Manco. Llevado por su natural afición e inclinación a la lectura (aunque sean los papeles rotos de las calles), y libando de aquí y de allá, pudo enterarse de que esta costumbre se remonta a la última mitad del siglo XIX, siendo a principios del XX cuando se afirma como rasgo distintivo. Todo ello parecía entrar en contradicción con el testimonio de su buen amigo M., que no mantenía recuerdo alguno de calle engalanada antes de los años ochenta. El Manco, finalmente, saldría de dudas al consultar a la madre de M., mujer tan apegada al barrio que en sus casi 75 años, no se le recuerda más que alguna que otra esporádica expedición a la para ella remota plaza Catalunya, y que fue capaz de ilustrar en colores tan vivos como solo alcanza la evocación que desciende hasta lo más íntimo, el esplendor de las decenas de calles engalanadas y de los entoldados de las plazas del Diamant, del Sol y del Raspall, que insuflaron un hálito de ilusión y de vida en aquellos tiempos en blanco y negro de la longa noite de pedra. Un apogeo que decaería entrados los setenta para volver con brío en la década siguiente.

Un cierto resabio, sin embargo, le quedaba a la buena mujer de aquellos años mozos, y que tenía que ver con los entoldados, en los que la concentración de calor, sudor y obligación de vestir corbata, convertían el recinto en un verdadero horno, disuasorio incluso para habilidosos bailarines como su entonces novio y luego marido, que las más de las veces acababa escuchando la música interpretada por la orquesta desde la entrada.


Fue uno de estos envelats, concretamente el de la plaça del Diamant, el lugar escogido por Mercè Rodoreda para el primer encuentro entre Natàlia, la célebre Colometa, y el que pronto sería su primer marido, el impetuoso Quimet. No acababa de verlo claro El Manco. The times they are a-changin', y haciendo trabajo de campo por las distintas plazas con música en directo, nos adelantaba que había optado finalmente por escoger la plaza del Raspall y, en concreto, su festa alternativa, como lugar más idóneo para el primer encuentro de sus dos protagonistas. (¿pero no habíamos quedado en que la tuya era una novela coral, Manco?).

Pero olvidemos los entoldados y los conciertos para mejor ocasión y, siguiendo el consejo del Manco, obliguémonos a dejarnos arrastrar por el bullicio, por esa riada de exploradores de todas las edades que, programa en mano o llevados por su sola intuición, recorren las diversas calles y sus guarniments, ataviados con la mirada del niño, el loco, la Maga o el errante eterno, en busca de una última oportunidad para renovar su amor por aquel cine aventurero de indios y vaqueros o de buenos y malos alrededor de la Estrella de la Muerte; o para adentrarse en el día a día del circo (en su versión ordinaria o en otra manifiestamente más freak) o en uno de aquellos bailes de antaño al son de la gramola (la calle favorita del Manco, por la sabia elección por parte de los vecinos de una perspectiva liliputiense para el espectador); o en el mundo de la moda, la vida de las abejas o de los pingüinos, el ciclo del agua (también recreado acústicamente), una paradisíaca isla del Pacífico, la metáfora de la nube que deviene cuento (¿o tal vez sueño?), o los propios recuerdos de aquellos años de nuestra infancia, con las casetes, el Tetris, el popular comecocos o el diabólico cubo de Rubik. Todo un verdadero oasis y un alivio, tal vez efímero en exceso, para estos otros tiempos de hoy en HD que tal vez pudiéramos denominar sin excesiva acritud como longa noite de merda.

(English version)

miércoles, 20 de junio de 2012

Percibir y conocer (dos textos de Eduardo Chillida)

No creo demasiado en la experiencia. Pienso que es conservadora. Yo creo en la percepción, que es otra cosa. Es más arriesgada y más progresista. He llegado a darme cuenta de que pierdo fuerza conforme pasan los años. Un día, pensando en estas ideas, me di cuenta de que había una cosa en la que yo seguía mejorando con la edad: la percepción. Percibo mejor. Incluso mis ojos ven mejor, siendo peores que cuando tenía treinta años. Eso es muy positivo y gratificante. Hay algo que todavía quiere ir hacia arriba y quiere crecer. Además, creo que eso es lo que hace percibir, y el percibir actúa directamente en el presente, pero con un pie puesto en el futuro. La experiencia, en cambio, hace lo contrario: estás en el presente, pero con el pie puesto en el pasado. Es decir, prefiero la postura de la percepción. Todo mi trabajo es hijo de la pregunta. Soy un especialista en preguntas. Algunas sin respuestas.

martes, 15 de mayo de 2012

Atlético psicotrópico



Parece que las aguas vuelven definitivamente a su cauce y a partir de mañana nos podremos congratular de la vuelta al trabajo a pleno pulmón del Manco, una vez de bajada de uno de los episodios epentésicos más impresionantes que haya conocido la historia de los psicotrópicos y demás sustancias euforizantes. Y no será que el Atleti (y Falcao en concreto), verdadero causante de su estado, no hiciera todo lo posible para que permaneciera en él. Pero la no consecución, finalmente, de una plaza en Champions ha obrado el milagro de bajar de la nube a nuestro ilustre colega. Que sea para bien.

martes, 1 de mayo de 2012

Correspondencias


Dos mujeres, dos soledades al desnudo, dos callados pero locuaces testimonios del desamparo emocional, dos elegías del instante en que el ser nos revela con descarnada naturalidad su esencia oblicua: desnudez del ser que encuentra abrigo en la nada.

Desnudez de la entrega, del nacimiento y del amor, desnudez del instante supremo en que nos descubrimos otro. Desnudez de la caída. Desnudez incompleta que apoya su necesidad en el extraño azar del mobiliario.

Ruleta rusa