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domingo, 17 de agosto de 2025

Cultura popular i reivindicació

Flanejant aquest dies de festa major pels carrers guarnits de la Vila, em venien al cap aquests populars versos del poeta basc Gabrirl Aresti. La lluita continua: 

               Otsoen kontra,
               sikatearen kontra,
               lukurreiaren kontra,
               justiziaren kontra,
               defenditu
               eginen dut
               nire aitaren etxea.


(Contra els llops, / contra la secada, / contra la usura, / contra la justícia, / defensaré / la casa / del meu pare).

miércoles, 17 de agosto de 2022

bajo el balcón

primer día de fiestas. remiso como nunca al amuchamiento, desmoralizado por el bochorno implacable y el atronador popurrí de bachata, rumba y son cubano con que desde mediodía asienta sus reales la barra callejera, intercambia su inicial plan de retrospectiva berlanguiana por la contemplación de la multitud que transita bajo el balcón de camino a la placita, con la intención de fantasear alrededor de las circunstancias vitales que han traído hasta allí a la pareja de pijos de piel broncínea y dentadura lustrosa, al tipo con aires de profesor distraído con camisa hawaiana y barba a lo Walt Whitman, a los dos cachas que chocan sus manos con efusiva coreografía, al pelopincho que pasea su acracia entre cumulonimbos de maría, a la familia de revista y a los tres macarrillas de flequillo ensortijado, a la muchacha pizpireta que concita la atención de su panda a golpe de ironía, a la que de una sola abanicada se saca de encima a moscones y pagafantasal guiri que se embelesa con el caleidoscopio sin percatarse de que le están vaciando la mochila, a la pelirroja que golpea exasperada la puerta del váter móvil mientras Sammy y Rosie se lo montan, la que bailaría sobre las brasas por el morenazo que tira las cañas, al que se hizo a sí mismo y se pasó con la cocción, a la que se siente culpable y al que la persuade para perseverar en lo inconfesable, a la que está en racha, al que se bate el cobre y al que mira a uno y otro lado para no tropezar con su futuro, al vejete que ofrece un cigarrillo al joven africano que recoge chatarra, al rapero que tararea a Gardel antes de subir al escenario, a quien especula con la vida de los otros desde su balcón...

sábado, 25 de enero de 2020

ciprés

fue el jueves pasado cuando finalmente claudicaste bajo el temporal. tus ramas, azotadas sin tregua durante horas por el viento, combadas por el peso del agua, habían mudado en alarma el solaz cotidiano. cuando el zumbido de la guadaña procedió a serrar la mañana de los patios, un batir de alas y memorias se alzó dolorido.

hasta siempre, ciprés,

testigo
          -compañero-
de mi infancia y la de mis hijas.
silente inspiración,
espejo y alivio de soledades
                         sin enmienda.

jueves, 18 de agosto de 2016

diario, 15 de agosto

a Luciana Mainelli y Martín Medrano

retorno al hogar en plenas fiestas de Gràcia. a pesar de saber que es día festivo, me sorprende y aturde el bullicio en tan temprana hora. pero se ha hecho larga la espera y hay ganas (y no solo entre los residentes) de reencontrarse con la tradición de las calles engalanadas con los decorados creados por los propios vecinos. de hecho, no otra era mi intención, aunque la magnitud de la aglomeración -así como el regusto de las dos semanas de tranquilidad disfrutadas en el Montseny- me disuaden, al menos por ahora, del paseo por Dodge City, la Antártida, las tripas de una ballena o el ciberespacio.

sábado, 9 de mayo de 2015

Una ventana al mundo pequeño

"Sueño con patios interiores", Sergio Sánchez-Pando,
De paseo por la ciudad que murió de éxito

sábado, 18 de agosto de 2012

Un día en las fiestas de la Vila de Gràcia

"...que se le pasaban [...] las noches de claro en claro, y los días de turbio en turbio", en célebre cita cervantina, que tal vez defina como ninguna la vida cotidiana de un vecino de la Vila de Gràcia durante estos días de fiesta mayor. Y entre estos vecinos, uno de nuevo cuño, El Manco, uno de nuestros colaboradores insignia, que a pesar de las advertencias de amigos, conocidos y vecinos, ha tentado a su locura (tampoco tenía mucho que perder), y ha decidido cual reedición de "la más alta ocasión que vieron los siglos" afrontar el envite, buscando en medio de la bacanal un relámpago de inspiración que le permita ultimar -es un decir- esa novela coral que acabe por otorgarle la cima de la nada o de la miseria.

En deslavazada conversación telefónica mantenida ayer con nuestro amigo a primera hora de la tarde, este nos rubalcaba, uy, perdón, nos recalcaba dos palabras de peregrina pronunciación que se han añadido estos días a su todavía incipiente catalán: guarniments y envelat, o lo que es lo mismo, adornos y entoldado. Dos palabras que, de hecho, definen gran parte del ayer y hoy de estas fiestas. La tercera, sin duda, sería veïns, vecinos, los verdaderos protagonistas de todo, en tanto que nada de ello sería posible sin su dedicación, entrega y amor por este entrañable lugar, aún más evidentes a lo largo de estas últimas dos semanas, y sobre todo, según nos relataba El Manco, en las frenéticas 48 horas previas al inicio de las fiestas, cuando se deben colocar los guarniments que harán de cada calle un microuniverso, en el que en menos de 50 metros se suspende por unos instantes la percepción espacio-temporal habitual en favor una mucho más relativa, tal vez, a la manera de Döblin, más cercana a la lógica de los niños y de los locos.

Aunque no siempre fue así, según nos comentaba El Manco. Llevado por su natural afición e inclinación a la lectura (aunque sean los papeles rotos de las calles), y libando de aquí y de allá, pudo enterarse de que esta costumbre se remonta a la última mitad del siglo XIX, siendo a principios del XX cuando se afirma como rasgo distintivo. Todo ello parecía entrar en contradicción con el testimonio de su buen amigo M., que no mantenía recuerdo alguno de calle engalanada antes de los años ochenta. El Manco, finalmente, saldría de dudas al consultar a la madre de M., mujer tan apegada al barrio que en sus casi 75 años, no se le recuerda más que alguna que otra esporádica expedición a la para ella remota plaza Catalunya, y que fue capaz de ilustrar en colores tan vivos como solo alcanza la evocación que desciende hasta lo más íntimo, el esplendor de las decenas de calles engalanadas y de los entoldados de las plazas del Diamant, del Sol y del Raspall, que insuflaron un hálito de ilusión y de vida en aquellos tiempos en blanco y negro de la longa noite de pedra. Un apogeo que decaería entrados los setenta para volver con brío en la década siguiente.

Un cierto resabio, sin embargo, le quedaba a la buena mujer de aquellos años mozos, y que tenía que ver con los entoldados, en los que la concentración de calor, sudor y obligación de vestir corbata, convertían el recinto en un verdadero horno, disuasorio incluso para habilidosos bailarines como su entonces novio y luego marido, que las más de las veces acababa escuchando la música interpretada por la orquesta desde la entrada.


Fue uno de estos envelats, concretamente el de la plaça del Diamant, el lugar escogido por Mercè Rodoreda para el primer encuentro entre Natàlia, la célebre Colometa, y el que pronto sería su primer marido, el impetuoso Quimet. No acababa de verlo claro El Manco. The times they are a-changin', y haciendo trabajo de campo por las distintas plazas con música en directo, nos adelantaba que había optado finalmente por escoger la plaza del Raspall y, en concreto, su festa alternativa, como lugar más idóneo para el primer encuentro de sus dos protagonistas. (¿pero no habíamos quedado en que la tuya era una novela coral, Manco?).

Pero olvidemos los entoldados y los conciertos para mejor ocasión y, siguiendo el consejo del Manco, obliguémonos a dejarnos arrastrar por el bullicio, por esa riada de exploradores de todas las edades que, programa en mano o llevados por su sola intuición, recorren las diversas calles y sus guarniments, ataviados con la mirada del niño, el loco, la Maga o el errante eterno, en busca de una última oportunidad para renovar su amor por aquel cine aventurero de indios y vaqueros o de buenos y malos alrededor de la Estrella de la Muerte; o para adentrarse en el día a día del circo (en su versión ordinaria o en otra manifiestamente más freak) o en uno de aquellos bailes de antaño al son de la gramola (la calle favorita del Manco, por la sabia elección por parte de los vecinos de una perspectiva liliputiense para el espectador); o en el mundo de la moda, la vida de las abejas o de los pingüinos, el ciclo del agua (también recreado acústicamente), una paradisíaca isla del Pacífico, la metáfora de la nube que deviene cuento (¿o tal vez sueño?), o los propios recuerdos de aquellos años de nuestra infancia, con las casetes, el Tetris, el popular comecocos o el diabólico cubo de Rubik. Todo un verdadero oasis y un alivio, tal vez efímero en exceso, para estos otros tiempos de hoy en HD que tal vez pudiéramos denominar sin excesiva acritud como longa noite de merda.

(English version)

jueves, 21 de junio de 2012

Solidaridad con los trabajadores de Arregui / 20amosnoesnada.blogspot.com

No cabe duda de que en la insoportable pesadez cotidiana en la que se suelen deslizar nuestras existencias es importante dejar un cierto rincón al azar, la improvisación o la sorpresa. O parafraseando a Picasso: sin buscar, hallar. Así, uno, con esta predisposición natural a dejarse arrastrar por el imprevisto, puede cruzar la esquina y darse de morros con la Maga, Johan Cruyff o el coronel Alcázar. Más difícil, pero no imposible, tropezarse después de años sin saber de él o ella, con quien sin aún sospecharlo, va a acabar siendo el amor de tu vida (o el del próximo fin de semana, tampoco vamos a ponernos cursis). Aunque también pudiera ser que el arcángel de la anunciación tuviera forma de cartero, y con él vinieran desde una citación judicial o una multa, un error de la banca (evidentemente a su favor) del Monopoly, o incluso un sobre procedente de Valencia con un puñado de fotografías de existencia hasta entonces ignorada, con imágenes de aquel abuelo del que a duras penas nuestro propio padre guardara una imagen mental, y al que ahora, setenta años más tarde, podemos dotar de un rostro, por cierto extrañamente similar al nuestro.

viernes, 25 de mayo de 2012

Mi infancia son recuerdos de un patio de...

Septiembre de 1972. Tendría el autor de la entrada cinco años. Las fotografías que quedan de entonces no lo delatan como el niño movido y nervioso que seguramente fue (con menos de tres años, ya atesoraba una quemadura en la pierna derecha que pudo haber sido bastante más grave y una aparatosa caída escaleras abajo). No era, eso sí, un lobezno solitario, y aunque respetaba y tal vez adoraba a sus educadoras, tenía la absurda costumbre de retirarles la mirada e incluso darles la espalda cuando se sentía importunado por ellas.

Debían colear todavía, en la timorata opinión pública encogida por aquel régimen de carniceros, los sangrientos sucesos de la Olimpiada de Munich. Algo de aquello perforó para siempre el agujero negro de una memoria a la que también acude el nuevo empapelado extendiéndose por el comedor, el pasillo y las habitaciones del pequeño piso familiar en reformas.

Pero septiembre traía, además, el enésimo cambio de parvulario. Este tenía algo de particular: lo llevaban monjas. Vestidas por la memoria de riguroso azul -o tal vez gris, quien sabe si con alguna línea blanca rematando el tocado- no debían parecerle, a pesar de todo, seres extraños. Por entonces parecía una quimera, pero advenían los últimos estertores del nacional-catolicismo.

Ruleta rusa