
...sí, claro, por supuesto, aunque pensemos ahora si tal vez lo más correcto no hubiera sido llamar "Pereza infinita" a esta que va a ser nuestra última entrada del año. Y ello a pesar de que, a la hora de abordarla, una vez llegamos a la conclusión de que lo mejor era adscribirse a esta creciente moda entre algunos de nuestros políticos de enviar felicitaciones navideñas a la más rancia usanza, no tardamos ni medio segundo en representarnos en nuestras cabezas nuestra propia postal, con una imagen tan impactante como efervescente, que sin duda hubiera hecho vuestras delicias: un PESEBRE con Rajoy como José, tal vez Cospedal como María (la lista de candidatas para el papel llenaba dos Walhallas casposo-peperos), y unas enormes tijeras en lugar del niño. Teníamos claro quién iba a hacer de ángel (Angela Merkel, ¿quién si no?), así como los escogidos para buey y mula (el nuestro iba a ser un pesebre más papista que el papa): Wert y Gallardón. Algún lugar hubiéramos encontrado para Guindos (pastor u oveja), y para los reyes de Oriente ya teníamos apalabrados a Mas, Duran i Lleida y Junqueras, que por supuesto, en lugar de oro, incienso y mirra, traían IN-IN-IN-DE-PENDÈNCIA.
Si bien, por esa maldita, inesperada y avinagrada pereza (combinada con una severa desconfianza de barrocos acabados ante aquello que surge de las entrañas sin una mínima elaboración), será para otro año. Una lástima, porque estamos convencidos que nuestro
christmas hubiera sido de infinito mejor paladar que el "clasicote" de
Jesús Posada, presidente del Congreso, o el escasamente ingenioso y muy machista y ordinario a cargo de
Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid por la gracia de la condesa de Murillo. Por otra parte, conociéndonos, más tarde o más temprano hubiéramos encontrado alguna cita o pasaje literario alusivo con el que nutrir un inicio sin duda centrado en el clásico pero irrenunciable dicho "La pereza es la madre de todos los vicios" ("pero madre hay una sola y hay que respetarla", en jocoso añadido vox pópuli sin madre ni padre). Aunque, a fuer de ser sinceros, después de dar alguna vuelta que otra por Internet, nos ha parecido que no se trataba de una idea excesivamente original (y eso, en un día por muchos motivos aciago, de aquellos en los que uno se deja caer cuesta abajo en su rodada, es un billete sin retorno hacia la estación de la... pereza infinita y hacia lo que finalmente no deja de ser la primera piedra para un nuevo género literario-bloguerro, la celebración de la (ir)realización de una (no) entrada).