If Jesus had been killed twenty years ago,
Catholic school children would be wearing
little electric chairs around their necks
instead of crosses.
(Lenny Bruce)
(Lenny Bruce)
- Crucifixion?
- Yes.
- Good. Out of the door, line on the left, one cross each.
(Monty Phython, Life of Brian)
No es que nos prodiguemos mucho en esta bitácora, como bien sabéis, en temas religiosos. Fuera de una entrada dedicada a la presentación del libro de Halil Bárcena, Sufismo, las menciones en 20años... a cuestiones o personalidades pertenecientes al ámbito religioso son, de tan contadas, prácticamente nulas. Tal vez a ello haya contribuido nuestra fervorosa descreencia, cierto cansancio hacia figuras, religiosamente hablando, para nosotros poco modélicas -léase aquí el totum revolutum de la jerarquía eclesial católica- y, last but not least, el alto listón que al respecto del tratamiento satírico de lo religioso dejaran figuras como las arriba citadas o, sin ir más lejos, el arcipreste de Hita o el anónimo autor del Lazarillo de Tormes. Aun así, estando Nadie el otro día de cháchara inmanente con una de nuestras más fieles lectoras, M. T., la cosa fue tan alto, tan alto, que a la trascendencia dio alcance. Una trascendencia que tenía nombre propio, el de Inmaculada Calderón (poeta, editora, filóloga y teóloga), y un origen: una discusión -en el buen sentido de la palabra- de foro acerca de la responsabilidad del "catalán" (ver enlace) Poncio Pilato en la muerte de Jesús, que derivó en el análisis del procedimiento escogido para su ejecución y del cómo dicho método había acabado colgando del cuello de millones de fieles por todo el mundo. Lo que sigue es un extracto de aquella admirable conversación:
Sobre la responsabilidad en la muerte de Jesús:
A Jesús ya lo había sentenciado el Sanedrín, que era a quien en realidad molestaba. A los romanos las disputas religiosas entre judíos les daba igual, ellos tenían algo más importante que hacer que descubrir y ajusticiar falsos mesías: ellos tenían que mantener el imperio conquistado en paz para poder seguir conquistando más. En cuestiones religiosas lo único que les importaba era que se diera culto al emperador, porque eso formaba parte de la garantía de unidad del imperio. Pero los dioses que fueran adorados a su lado, les daban lo mismo. El problema con los judíos, que más tarde fue mucho mayor con los cristianos, era que se negaban al culto imperial porque su monoteísmo se lo impedía. Por eso tenían un estatuto especial y siempre andaban en la cuerda floja.
