(lo vimos surgir con expectación babieca, fascinados por su lozanía y su encanto intacto, por ese porte informal pero seguro de sí mismo. aun conscientes de que nos iba a hurtar un año de nuestras vidas, nos entregamos a él con ebria pleitesía).
nadie salió ileso de 2026, el año en que la polarización nos recalentó hasta helarnos, el racismo y la xenofobia llamaron a la puerta, la especulación turística justificó treguas y Nerón y Herodes ganaron ex aequo el Nobel de la Paz. viralizando el malestar, el gran hermano de las redes trastocó la política en espectáculo y la paranoia en miserable caza de brujas. de las arrugas de la vieja Europa asomaron grietas en forma de referéndums para consolidar la autocracia.
nadie salió más sabio de 2026, cuando el descuido de la ortografía pasó de la prensa a los diccionarios, el rock'n'roll sacó a pasear su postrera momia y el sexo veggie eclipsó al virtual. tras el boom del comercio emocional, obsesionados con desconectar del trabajo, el culto a la propia imagen no hizo prisioneros y la codicia se volvió cool. aun así, Vivienda asequible: qué es y cómo encontrarla y El fin del espacio público coparon las ventas en Sant Jordi en tanto la soledad se cronificaba en habitaciones de alquiler.
se oían pasos al final de la noche en 2026, cuando la obsesión por escapar del laberinto me impedía reconocerlo en mí mismo. entre sombras sigilosas y silencios lapídeos, complacido en la reiteración del error, hacía trampas al solitario mientras el amor disparaba con balas de plata sin alcanzar ningún órgano vital. por lo demás, las ranas criaron pelo, llovió de abajo arriba, el invierno fue verano y el verano, otro hábito cancerígeno más.
2026, el año en que el optimismo se tomó un sabático a la espera de un aire menos pestilente.

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