¿en qué momento el espejo perdió tu imagen y te abonó a la mera supervivencia? ¿valió la pena renunciar a tus raíces para apropiarte de las de otros? ¿qué sacaste de guardar las ropas de quienes se sumergían en las aguas revueltas? coleccionista de excusas, ¿hasta cuándo te seguirás engañando?
sábado por la noche en el sillón frente al televisor, con los párpados a medio entornar mientras calle abajo ruedan los dados de la fiesta o el drama ajenos. a golpe de cabezadas, un hilillo de baba te resbala por la comisura refrendando tu mortal desinterés por la secuencia de entrevistas, gags y números musicales. tan hondo es tu aturdimiento que apenas reparas en el zapato viejo que la marea de bostezos ha traído hasta la orilla de tu duermevela y que súbitamente salta cual gato sobre tu regazo y patea tu conciencia para levantarte del gris y devolverte al azul, al carrusel indomable de las percepciones caleidoscópicas, a la anarquía circense en cifras y claves, al tiempo jadeante quemando sus zancos, a la aurora tiñendo con su carmín los labios de la noche, al vuelo de la imaginación como única realidad tangible.
¡te sientes tan liviano en la creencia de que la tostada jamás volverá a caer del lado de la mermelada, tan superior a cuantos se enardecen silenciándose a gritos, dándoselas de expertos mientras barren sus traumas bajo la alfombra! ¿a qué regresa entonces el enjambre sudoroso en el pecho, la hiedra trepando por las sienes, el estertor del narciso estrujado por el puño, la visión de tu rostro en la marioneta desarmada, el mohín displicente del zapato polvoriento que, tras plantarse de un brinco en el alféizar de la ventana, se precipita hacia el alba persuadido de que poco más puede hacer por ti?

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