martes, 17 de abril de 2012

"Luces de bohemia", Bilbao, abril de 2012

Nos situamos en la escena undécima de Luces de Bohemia, añadida por Valle-Inclán para la edición en libro de la obra, en lo que es magistral adición que realza -ya en la siguiente escena- el valor del esperpento como opción estética oportuna para retratar críticamente la enferma sociedad española de aquel tiempo.
Recordaréis que, en ese que va a ser el último día de Max Estrella, la convocatoria de una huelga es escenario para diversas escaramuzas entre los obreros y las fuerzas del orden. En medio de la refriega, un niño muere en brazos de su madre, alcanzado en la cabeza con un disparo surgido de las filas gubernamentales. La tragedia, las muestras de dolor de la mujer, son, sin embargo, contempladas por la mayor parte de los testigos con una estremecedora distancia, visible especialmente en el tabernero, el empeñista, el retirado o incluso el mismo acompañante de Max, don Latino. Es el "coro infernal" en palabras del poeta ciego, fantoches o marionetas ajenas a la tragedia en la que están inmersos y que ya no hablan (ni actúan) por su propia boca sino por la del poder y su ideología ("Son desgracias inevitables para el restablecimiento del orden", afirma el tabernero).

Viene esta larga introducción a cuento porque desgraciadamente, ese guión parece haberse reproducido en Bilbao estos últimos días alrededor del homicidio ("muerte causada a una persona por otra", según el DRAE) de Iñigo Cabacas (e.p.d.). Vayan por adelantado nuestras condolencias a sus familiares y amigos, así como a la hinchada del Athletic (enorme lección la vuestra el domingo pasado, elocuente silencio que nos hace a todos leones).
Me confieso doblemente horrorizado, primero, por la muerte de Iñigo en sí, y especialmente por las circunstancias en las que se produjo. En medio de la celebración por la victoria rojiblanca, se produce una pelea. Los implicados se pueden contar con los dedos de una mano, pero vienen dos furgones de la Ertzaina. En menos de un cuarto de hora, según la nota del propio Gobierno vasco, se monta la de San Quintín, se emplea material antidisturbios e Iñigo cae fulminado por el impacto de una bala de goma. Su único delito: estar en el peor lugar en el momento menos indicado. La paradoja: que quien se suponía que debía velar por la seguridad del joven, acabó con su vida.
Como también produce verdadero horror, y náuseas, el esperpento al que algunos políticos, sindicatos policiales y medios de comunicación han intentado llevarnos a lo largo de estos últimos días, farsa encarada sin más a la domesticación de la opinión pública (intento a la sazón fallido, según lo visto el domingo) y a la rápida puesta en marcha de los mecanismos de la impunidad. Es bajo este contexto donde se encuadraría el sorprendente mutismo inicial de los medios ante el hecho y la asepsia con la que en general han tratado la cuestión -sin crítica ni petición de cabezas-; el silencio de los hechos por parte del Gobierno vasco hasta unas pocas horas previas a darse a conocer el resultado de la autopsia; la teatral actuación del consejero vasco de interior, Rodolfo Ares, templando la muleta para parar la embestida, asumiendo "presuntamente" responsabilidades y prometiendo una investigación a fondo "cueste lo que cueste"; y, por supuesto, la magistral puesta en escena por parte del mismo Ares del resto del elenco (director de la Ertzainza -¡con sus ya famosas pruebas de puntería con pelotas de goma!-, compañeros de partido, sindicatos policiales, oposición amansada, prensa amiga), con el perverso objetivo de convertir el homicidio en fatalidad del destino, y, de paso, encontrar un par de chivos expiatorios -los que presuntamente comenzaron la pelea-, y mostrar las garras a los disconformes -léase la izquierda abertzale-.
Y todo ello adornado por una notable incapacidad para conjugar verbos tan sencillos como "dimitir", "expedientar", "apartar" o "suspender", hasta hoy, en que los culpables siguen campando a sus anchas y, finalmente, podemos dar la mojiganga por concluida, una vez la noticia ha dejado de serlo.

Y mientras, la alarma social sigue siendo la "provocada" por otros, la de los malos requetemalos para los que sí hubo luz y taquígrafos hasta la extenuación, los dos estudiantes de física que a día de hoy siguen en prisión en Barcelona desde la jornada de la huelga general. Para ellos, para nosotros al fin y al cabo, se están preparando los cambios en el código penal.

Os dejo el enlace de uno de los pocos artículos de prensa que valió la pena al respecto de la muerte de Iñigo:
http://www.marca.com/2012/04/12/opinion/firmas/1334227475.html?a=PR285bf8f4ef04446caf5da5e2e072f6680&t=1334441531

5 comentarios:

  1. ...y sin embargo dice Rajoy: “Allí donde haya una empresa española, allí estará el Gobierno”

    ¿¿¿¿¿¿¿¿¿Y allá donde esté un ciudadano inocente, estará el gobierno que lo representa y está obligado a defenderlo, también????????????

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    1. Menos mal que no todo el mundo es como Rajoy y siempre hay alguien dispuesto a poner los puntos sobre las íes: http://www.europapress.es/nacional/noticia-iu-ve-verguenza-gobierno-defienda-repsol-20120416205055.html

      Y, por cierto, como dirían Tip y Coll: Y mañana... hablaremos de Wert.

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  2. ...pues mañana El País anuncia que un testigo declara que don Campechanín I está metido en el caso "Urgandarín" hasta las cejas: http://srv00.epimg.net/pdf/elpais/1aPagina/2012/04/ep-20120417.pdf

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  3. Eugenio de Nora decía de El ruedo ibérico que en ese ciclo narrativo Valle-Inclán había reflejado aquellos tiempos en que España "vivía con las manos en las orejas, esperando que estallase el trueno gordo".

    "Aquellos" tiempos.

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    1. El "trueno gordo", según "Público" será el viernes, en que al parecer el des(Gobierno) aprobará los recortes de sanidad y educación. Y eso que el "New York Times", como bien sabrás ya, ha definido nuestra situación como "overdose of pain". Pero el des(Gobierno) a lo suyo, a defender empresas mientras esquilman ciudadanos. "Estos" tiempos.

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