a Alma Estela e Iseo
todavía sorprendido por la brillante exposición de su hija mayor de los conceptos de infinito y número π, replantea la cuestión introduciendo la noción de número tortugo (numerus tartaruchus), el número más lento del que se tiene conocimiento (al menos en tierra firme), tan lento que, al menor descuido, no duda en transformarse en cualquier otra cifra para desesperación de contables y alborozo del matemático poeta. la niña, obviamente, no cree una palabra de cuanto afirma su padre, pero este, adivinando una leve vacilación en aquella, contraataca con los conceptos de número liebre (el antitético puro del número tortugo) y el nunca visto ni oído -pero siempre admirable- número ciervo, el único del que se sabe -junto a algunas versiones del 4- que dispone de cornamenta. no deja de ser sorprendente, dada la surreal perorata, la estupefacción en el rostro del ufano padre a la pregunta de la hija menor: "papá, el número tortugo, ¿puede ser de color verde?".


















