(lo vimos surgir con expectación babieca, fascinados por su lozanía y su encanto intacto, por ese porte informal pero seguro de sí mismo. aun conscientes de que nos iba a hurtar un año de nuestras vidas, nos entregamos a él con ebria pleitesía).
nadie salió ileso de 2026, el año en que la polarización nos recalentó hasta helarnos, el racismo y la xenofobia llamaron a la puerta, la especulación turística justificó treguas y Nerón y Herodes ganaron ex aequo el Nobel de la Paz. viralizando el malestar, el gran hermano de las redes trastocó la política en espectáculo y la paranoia en miserable caza de brujas. de las arrugas de la vieja Europa asomaron grietas en forma de referéndums para consolidar la autocracia.
