siempre ingenuo, aunque nunca del todo inocente, el jubilado escuchaba atentamente la interpretación del himno, mientras se refocilaba imaginando a la inspirada letrista en pleno vuelo, dando vueltas a las palabras en su cabeza, acabando de armar una rima («sol», «amor», «honor», «corazón», «perdón») tan tópica como cursi, y por la que a buen seguro en instante alguno planeó otro lugar común mucho más representativo del país homenajeado:
«CORRUPCIÓN».
«CORRUPCIÓN».