
que no te dobleguen
aunque sepas que jamás volverás a la vida
aguanta
sin tesón ni confianza
solo por el afán de encajar
un golpe, dos golpes, más golpes
sin olvidar -sin disculpar-
(insomnio interrogante, libro deshojado,
enésimo viaje al espejo reptil de la madrugada)
ni los pasadizos que te abrieron el laberinto
del fuego
ni el carrusel sensorial de las vanidades pasadas
ni los ojos de aquel que
después de venderte su alma
te acabo hurtando las manos
en tu descenso a las sombras...