lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz Navidad...

...sí, claro, por supuesto, aunque pensemos ahora si tal vez lo más correcto no hubiera sido llamar "Pereza infinita" a esta que va a ser nuestra última entrada del año. Y ello a pesar de que, a la hora de abordarla, una vez llegamos a la conclusión de que lo mejor era adscribirse a esta creciente moda entre algunos de nuestros políticos de enviar felicitaciones navideñas a la más rancia usanza, no tardamos ni medio segundo en representarnos en nuestras cabezas nuestra propia postal, con una imagen tan impactante como efervescente, que sin duda hubiera hecho vuestras delicias: un PESEBRE con Rajoy como José, tal vez Cospedal como María (la lista de candidatas para el papel llenaba dos Walhallas casposo-peperos), y unas enormes tijeras en lugar del niño. Teníamos claro quién iba a hacer de ángel (Angela Merkel, ¿quién si no?), así como los escogidos para buey y mula (el nuestro iba a ser un pesebre más papista que el papa): Wert y Gallardón. Algún lugar hubiéramos encontrado para Guindos (pastor u oveja), y para los reyes de Oriente ya teníamos apalabrados a Mas, Duran i Lleida y Junqueras, que por supuesto, en lugar de oro, incienso y mirra, traían IN-IN-IN-DE-PENDÈNCIA.

Si bien, por esa maldita, inesperada y avinagrada pereza (combinada con una severa desconfianza de barrocos acabados ante aquello que surge de las entrañas sin una mínima elaboración), será para otro año. Una lástima, porque estamos convencidos que nuestro christmas hubiera sido de infinito mejor paladar que el "clasicote" de Jesús Posada, presidente del Congreso, o el escasamente ingenioso y muy machista y ordinario a cargo de Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid por la gracia de la condesa de Murillo. Por otra parte, conociéndonos, más tarde o más temprano hubiéramos encontrado alguna cita o pasaje literario alusivo con el que nutrir un inicio sin duda centrado en el clásico pero irrenunciable dicho "La pereza es la madre de todos los vicios" ("pero madre hay una sola y hay que respetarla", en jocoso añadido vox pópuli sin madre ni padre). Aunque, a fuer de ser sinceros, después de dar alguna vuelta que otra por Internet, nos ha parecido que no se trataba de una idea excesivamente original (y eso, en un día por muchos motivos aciago, de aquellos en los que uno se deja caer cuesta abajo en su rodada, es un billete sin retorno hacia la estación de la... pereza infinita y hacia lo que finalmente no deja de ser la primera piedra para un nuevo género literario-bloguerro, la celebración de la (ir)realización de una (no) entrada).

Ha sido en medio de esa infinitud perezosa, la [hora] del crepúsculo sería, cuando nos ha parecido topar con el fantasma de un tipo de mediana altura y hablar arrastrado, con gafas de concha y un muy manifiesto esparadrapo en la juntura de las mismas. Y hubiéramos jurado que se trataba de la imagen del malogrado Poch, pero no era más que un absurdo holograma de nuestro compadre Dosto, entresacado de una fría noche barcelonesa de noviembre de 1983. Ese mismo año acababa de salir el que sería primer y único LP de Derribos Arias. Un álbum irregular y extravagantemente experimental que no hacía justicia (tal vez a excepción de momentos verdaderamente intensos como "Íntima decoración" -protagonista desde hoy de nuestra sección ALGO MÁS QUE RUIDO- y de temas como "Europa", "Aprenda alemán en 7 días" o la vigorosa y desquiciada versión de la velvetiana "Pobre Cowboy Bill") a la experiencia única que Dosto estaba a punto de vivir, y que sin ni tan siquiera entonces intuirlo, le iba a marcar de por vida con extraño hierro: el segundo de los tres directos que aquel fin de semana ofreciera esta peregrina, inefable y sin par banda en la histórica sala Zeleste de la calle Argenteria. Originales, provocativos, alambicados, caóticos, siempre imprevisibles, decididamente guitarreros en su música -incluso en el encaje del bajo, el sintetizador o la caja de ritmos-, y con unas letras absurdas, psicoexpansivas, patafóricas avant la lettre, no era extraño que toda aquella feliz amalgama supusiera para nuestro entonces teenager una verdadera epifanía, refrendada tres días más tarde por la actuación de Poch, Alejo, Juan y Paul, junto a colegas como Iñaki Glutamato, Loquillo o Sabino Méndez en el recordado La Edad de Oro, de Paloma Chamorro.

Navidad, epifanía y DD. AA. se reúnen en este tema, "Estrellas, Sol y Luna", "villancico" aberrante e irreverente (tan alejado de "Noche de paz" o "Los peces en el río", como del lennoniano "Happy Xmas"), aparecido en el disco recopilatorio Navidades Radioactivas (DRO, 1982), y del que, a modo de felicitación final, os dejamos en ultimicia un vídeo autoproducido por nosotros mismos. Como veréis, esa pertinaz pereza de la que hemos sido víctimas a lo largo del día también nos ha hecho obviar una solución al reiterativo mensaje que aparece en pantalla, y que nos recuerda que el vídeo ha sido realizado con un programa con licencia de evaluación; como asimismo nos ha eximido de proponeros una nueva cita con los maestros Wilde, Yeats o Joyce -quien sabe si relativa a la pereza-, con la que poner brillante colofón a este que fue nuestro primer año en la red. Vale.




2 comentarios:

  1. Estos textos no hacen mejor la Navidad, pero hacen mejor a uno, en el momento de hacer frente a la Navidad. Gracias.

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    1. "Pereza infinita" o "The Great Escape". Confieso que de unos años para acá, y de algún lustro o década incluso, uno sale de estas fiestas con sensación de trinchera y estatus de superviviente. Un cordial saludo.

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