lunes, 5 de noviembre de 2012

Des de Rússia amb amor

A pesar de la carencia de ideas que recorre últimamente la redacción (escasez en la que han tenido que ver tanto nuestra indolencia innata como el festival de virus de todo tipo que ha recorrido este largo fin de semana las diversas estancias del antro desde el que pergeñamos esta bitácora), nos habíamos confabulado para no volver a caer en la tentación de entrar -al menos durante una buena temporada- al trapo del incesante toma y daca dialéctico que alrededor del tsunami independentista procedente del este de la península se ha atrincherado en los medios desde septiembre, y que va en camino de producir un mayor volumen de papel y píxels que aquel famoso Plan Ibarretxe que hoy vegeta el sueño de su creador.

Y no parecía cuestión fácil, especialmente tras la publicación de ese oscuro objeto de la controversia, el llamado manifiesto federalista (¿y por qué no, ya que estamos, uno de republicano, con ribete tricolor y todo?), que ha venido a unirse a la habitual batería cavernario-pepera, y, por supuesto, a las penúltimas bravuconadas verbales de Oriol Pujol (¿"piensa el sodomita que todos son..."?, no, no, eliminad eso) y el Molt Honorable ("Irán a por mí para desestabilizar el proceso", ¿mesianismo, paranoia o simples dotes adivinatorias?). Pero lo cierto es que estábamos en un tris de lograrlo, hasta que ayer por la mañana, revisando la correspondencia con un día de retraso -aquí somos así-, todo se vino abajo cuando entre los folletos publicitarios habituales encontrábamos la postal que figura en la cabecera de la entrada, y en la que podéis observar al ínclito Artur con correcto atavío estilo Bond -y por supuesto, con buena compañía-, en el entorno de una lujosa habitación de hotel (fácilmente identificable como la suite Ambassador del Radisson Royal de Moscú), y con un mensaje que primero nos puso en guardia para luego derrumbarnos en una especie de marasmo emocional: Des de Rússia amb amor.

Y no, no se trataba de la propaganda de ninguna nueva web de cachondas chicas eslavas ni nada por el estilo, que hubiera utilizado la imagen de A. M. 007 para abrir un nuevo nicho de mercado. No, el membrete oficial cuatribarrado que aparecía en la parte posterior de la tarjeta no dejaba lugar a dudas. Entonces, ¿qué intenciones abrigaba aquel sorprendente envío? ¿Desde cuándo formamos parte nosotros de los agraciados por Palau? ¿Se trataba de una forma de hacernos también partícipes del famoso "oasis"? ¿O más bien de la Casa Gran del -otrora- Catalanisme, ahora decididamente Independentisme? Y, por otra parte, ¿debe uno siempre cumplir con aquel dicho: "De bien nacido es ser agradecido"? ¿No hay excepción que confirme la regla?

Admitamos que la tan cacareada excursión a Moscú nos había dejado con más mal cuerpo que los citados virus. Sin entrar en detalles sobre la conveniencia político-económica del viaje, convendréis con nosotros que en un entorno de crisis económica con una política de austeridad seguida a rajatabla por el Mas-team, y pertinazmente faltada de unos resultados que a día de hoy alcanzan el grado "travesía del desierto" en la escala Richter de la fe en lo económico, el happening fin de mandato en suite de lujo que se corriera el President con su esposa y un nutrido séquito de altos cargos tiene la sensibilidad de una fiesta palaciega en la corte del Zar quince minutos antes de estallar la Revolución de Octubre.

Y aun así, nuestro buen Dosto, al que recordando su Moscú natal se le embargaban los ojillos viendo la imagen nocturna del President frente a la Catedral de san Basilio, insistía en la buena fe del presente postal y en que, al respecto del viaje, no nos debíamos dejar llevar por las apariencias, y más teniendo en cuenta que la "exclusiva" del happening había surgido de medios manifiestamente adversos a CiU, que además lo habían magnificado todo. "Desde luego, amigo -ha sido la respuesta del Manco-. Un mandatario extranjero que pretende buenos contactos comerciales y políticos no puede alojarse en la suite Rasputín de la pensión La Zarina. Pero de ahí a la Ambassador..." Ha sido entonces cuando Dosto ha dado con la clave que ha trastocado toda idea preconcebida nuestra al respecto de este affaire. Buscando información sobre la famosa habitación, ha hallado en booked.es lo siguiente: "Cama extragrande 68m2. Precio por noche: 785€". datos que le han llevado a enunciar la siguiente hipótesis, para la que ninguno de nosotros ha encontrado refutación posible: "Mas, sabedor de que su viaje iba a ser revisado con lupa, reserva la suite Ambassador, la única en todo Moscú con una cama extragrande de 68m2. Allí se alojan no sólo él y su señora, sino también el resto de la comitiva (a fin de cuentas, de acuerdo a los baremos habitualmente utilizados en las manifestaciones, ello es técnicamente posible), predicando su política de recortes con su propio ejemplo. Además, el hecho de que el vástago sátiro de Pujol no formara parte de la misma, era garantía de que el reparador descanso iba a mantenerse dentro de los límites de la castidad, lo que redundaba en una mayor comodidad de los durmientes".

Y con tal cargamento de credulidad nos aprestábamos a escribir por primera vez una entrada hagiográfica acerca de la actuación del amigo Mas, cuando Nadie, politropos entre los politropos, revisando crítica y sabiamente la información de Dosto, nos ha hecho ver que donde presuntamente se leía "cama extragrande 68m2", realmente ponía "cama extragrande - 68m2", o lo que es lo mismo, "cama extragrande en habitación de 68 m2", lo que anulaba la posibilidad de descanso multitudinario al modo medieval, y enviaba al resto del séquito a dormir al suelo, cosa harto improbable en el caso que nos ocupa. Además, el jefe tampoco encontraba explicación a los precios barajados por Dosto, en tanto que los que él había encontrado para la semana que viene -sin duda el muy pícaro tenía en mente el cercano aniversario de la fiel Penélope- no bajaban de 1.200€ (algo que, de hecho, parece confirmar la versión de Presidència de que la comitiva había aprovechado una oferta).

En fin, que a Mas, a Dosto y a todos los demás siempre nos quedará Moscú. Vale.

3 comentarios:

  1. Oye Nadie, que las mujeres, llegada una edad, no cumplimos años: descumplimos.

    Aproximadamente de los dieciocho en adelante.

    De modo que mi cumpleaños, pasado mañana, TAMPOCO LO PIENSO CELEBRAR.

    Vale.


    (Penélope)

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  2. Y más en tu caso, Penny, que ya vas para unos 2.800 noviembres.

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  3. ...y además, es que yo tejo y destejo mis años y mis días. Por eso a mis 2.800 noviembres parezco una mozuela veinteañera, Nadie.

    (Y pobre de ti como se te ocurra insinuar, aunque sea mínimamente, lo contrario)


    (Penélope)

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