martes, 1 de septiembre de 2015

¿adiós, verano, adiós?

Imagen cortesía de Penélope.
paseando por el parque, a primeros de septiembre, el hombre sin vacaciones encuentra en uno de sus extremos, junto al vallado, una silla de madera plegada apoyada contra la hiedra que cuelga del muro. mientras se levanta una brisa vivificante, abre la silla, aceptando lo que toma por invitación a una aleatoria evocación de los veranos pasados o deseados...

…que le devuelve al tiempo en que, con la sola ayuda del atlas escolar, callejeaba por Londres, Nueva York o Pekín, o anclaba su deseo aerostático entre las paredes de Pompeya, Petra o Machu Picchu; el mundo era infinito como el vuelo de un diente de león, a pesar de que se circunscribiera a la latitud y la longitud de un sofá con los muelles salidos; en aquellos años de relojes chapoteando en Mirinda naranja, sus padres se conjuraron para darle cuanto ellos nunca tuvieron. lástima que el sol hiciera las maletas con más frecuencia de la deseable, dejándolos a todos con un palmo de narices.

aunque también hubo veranos de fuego, en los que las gotas de sudor cayeron como lluvia mercurial, haciendo indescifrable toda escritura; los mosquitos aprendían a montar en bicicleta alrededor de la cinta de un ridículo sombrerito de paja que jamás pudo protegerle de su insaciabilidad; y torrenteras y espigones hacían acopio de rasguños, algarabía y crecientes melancolías; por lo demás, los amigos eran "de verdad" y "para siempre", y las orquestas, cual disco rayado, tocaban los mismos estándares año tras año.

una vueltas de tuerca subconsciente abajo y su memoria se planta en la casilla de salida del juego de la oca de los veranos metropolitanos: de mostrador a almacén, de despacho a sala de reuniones, sube al tren, y tira porque le toca. el mundo no para de dar vueltas a su alrededor, pero él, prematuramente adulto, prefiere agonizar noche tras noche frente al televisor, mientras fantasea con los muslos de esa preciosa recepcionista que nunca tararea la misma canción. (cuatro años más tarde, en algún punto del Egeo en que el verano, de puro petulante, se hará llamar estío o incluso canícula, el de él y ella -juntos a la sazón-, se revelará un amor a contraluz.)

la tarde cae y el hombre sin vacaciones se levanta de la silla, la vuelve a plegar y la coloca del mismo modo en que la encontró. le vienen entonces a la cabeza (quién podrá aventurar el porqué) las críticas vertidas desde el entorno conservador a las "vacaciones de lujo" de la alcaldesa de Madrid. pero esta vez no le enerva tanto el fariseísmo moral habitual en dicha hueste, como el atrevimiento del vocero de turno para erigirse en portavoz de los sentimientos de una clase trabajadora a la que su partido desprecia y empuja a la pobreza. y por unos segundos, se suceden en su mente las placenteras imágenes de unas vacaciones "idílicas": él, con un bañador de corte clásico, reeditando la hazaña de Neddy Merrill, atravesando el mundo a través de las piscinas de los más exclusivos resorts, spas, villas y mansiones, deteniéndose de tanto en tanto para tomar una copa o simplemente aliviar la vejiga en el agua a mayor gloria de los poderosos. 

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho el componente evocador, primero, y sardónico, en todo momento para explotar al final, de su texto. También a mí los atlas geográficos me dieron mucho, mucho juego, casi tanta como a los hipócritas las decisiones de la alcaldesa de Madrid.

    Septiembre, desde luego, no es como los demás. Mientras pude me gustó cogerme las vacaciones ese mes. Pese a todo, aún no he perdido la esperanza de que siga conspirando a mi favor.

    Un cordial saludo.

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    1. Me consta su gusto por coger las vacaciones en septiembre por la lectura de su "De paseo por la ciudad que murió de éxito". Durante años ese gusto también fue el mío, si bien ahora, por imperativos de mi actual profesión, eso me es también del todo imposible. Un cordial saludo.

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