viernes, 22 de febrero de 2013

La llama(ra)da (improvisación queda)

if you have to sit there and
rewrite it again and again,
don't do it.
(Hank Chinaski)

Algunas imágenes derramándose del venero de su cabeza, alrededor de la enunciación de una poética jugada -cómo no- en el incandescente dado de la palabra, en ese instante mortalmente eterno en que la página se atrinchera en su silencio: el restallido de la última bofetada; la embocadura del cañón de un revólver haciéndose un hueco entre sus dientes; una hechicera auscultando las fauces del lobo; la puerta del quirófano cerrándose a su paso; una hiena, dos hienas, tres hienas; tres pilas de platos sucios en la cocina y dos ausencias pasadas por agua; la mirada perdonavidas de quien hace meses que sospecha que ya no es él ni nunca lo fue. Calle abajo siente restallar el látigo de la vida, se duele del hombro, del labio, de todos y cada uno de sus esfínteres, porque sabe que de poco le servirá esta vez (no hay atajo que conduzca al poema) arrogarse el papel del impostor.

Improvisación tubérculo. Cocido al fuego lento del mito, un perro desorejado orina como en cámara lenta en la ambigua sexualidad del tótem frente al tragaluz. De poco servirá ordenar a la luna una nueva ración de penumbra asalariada. Al abrigo del ofuscado resplandor, se desprenden nuevas imágenes, hábilmente sentenciadas antes de alcanzar el papel. Es solo entonces cuando la mirada reagrupa el rebaño en torno a una lectura reciente, North, de Seamus Heaney: "Lie down / in the word-hoard, burrow / the coil and gleam / of your furrowed brain. / Compose in darkness. / Expect aurora borealis / in the long foray / but no cascade of light." (1)

Entreveradas, enhebradas en la quietud y en las sombras, yacen las claves para él desconocidas de este hermoso y lejano poemario. Ante sus ávidos dedos se extiende la latitud de la vulnerada soledad del osario, la huraña y antojadiza sabiduría de la calavera, la azada hollando el negro surco en la arcilla sobre el que renacerá victorioso el verso: "Bone-house: / a skeleton / in the tongue's old dangeons. / I push back / through dictions, / Elizabethan canopies. / Norman devices, / the erotic mayflowers / of Provence / and the ivied latins / of churchmen / to the scop's / twang, the iron / flash of consonants / cleaving the line." (2)

Eróticos espinos de Provenza, "farai un vers de dreyt nien [...] qu'enans fo trobatz en durmen / sus un chivau". Caballo que tal vez fuera yegua, yegua que sin duda fue mujer de bandera y pendón, por la que luego gallearía el de Aquitania que no iba a malgastar un solo gallo. ¿Para qué, si entre sus tibias sábanas y su sexo hirsuto, había hallado ya el más preciado poema?

¿Ríes, ventrílocuo inicuo? ¿Cuándo caerás en la cuenta de que solo quien no busca está en condiciones de doblar hacia atrás las manecillas del reloj? Hora, pues, para este otro sandio Guillermo, de dejar al bardo en paz, servirse una copa de vino y liar un último cigarrillo con las yemas del silencio, de confabularse contra el incrédulo ego y abortar el poema, de inclinarse respetuosa e hipócritamente ante su llama(ra)da. Y una vez cautivado por la rendición incondicional, abrirse de venas a la lluvia enfurecida que borre todo indicio, y profane con toda su ánima la penúltima servidumbre del vacío...


(1) "Asentaos / sobre el montón de palabras, horadad / el destello y el dédalo / de vuestros pliegues cerebrales. / Construid en la oscuridad. / Esperad la aurora boreal / en la incursión profunda, / no la cascada luminosa."

(2) "Casa de huesos: / un esqueleto / en las viejas mazmorras / de la lengua. / Retrocedo / a través de dicciones, / doseles isabelinos. / Ardides normandos, / el erótico espino / de Provenza / y los latines cubiertos de hiedra / de los clérigos / hasta el sonido vibrante / del bardo, el destello / de hierro de las consonantes / hendiendo el verso."

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