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domingo, 9 de agosto de 2026

cuaderno de Inglaterra II, Londres

Sandy Cunningham, View of
St Paul's from Ludgate Hill

13 de juliocamino del hotel, maleta en ristre, tras descender del tren en la estación de Paddington. primeras impresiones de una ciudad en la que tanto he vivido sin haber puesto jamás el pie en ella. primer olor percibido, nada más bajar al andén del metro: el de las estaciones de mi infancia. ¿mera sugestión?

calor implacable. a pie de obra, sentados sobre una barrera New Jersey roja y blanca, un grupo de trabajadores aprovecha la sombra del andamiaje para almorzar. respondiendo a mi curiosidad, explicación de N sobre el origen de las mews, antiguas caballerizas reconvertidas en viviendas, como las situadas en la parte trasera del edificio. almuerzo en un café -Les Filles- cercano al hotel. ella, totalmente desbordada por la emoción del retorno tras casi once años de ausencia; yo, planteándome qué Londres nos espera, ¿el de sus recuerdos o alguna versión local del parque temático mundial tan en boga?

Kensington Gardens y Hyde Park. rodeados de una hierba mortecina, el Arco óseo de Henry Moore, la escultura de Peter Pan -eternamente rodeada de niños de todas las edades- y la fuente memorial de Diana, hoy sin agua. una luminosidad sin mácula tiñe de ensueño el paseo por el sendero a orillas del Serpentine.

aterrizaje en la atestada Picadilly tras cinco días en la campiña: salto sin paracaídas. decepción de N ante la visión del pobre Eros (es decir, Anteros) atrapado entre las pantallas que tapan la restauración de la icónica fuente, borrada en un pispás una vez entramos en Theatreland y vuelven a su mente las imágenes de los musicales presenciados. fotografías de Leicester Sq, Chinatown y Trafalgar Sq, ejecutadas con la frialdad de un francotirador en misión rutinaria.

sábado, 25 de julio de 2026

cuaderno de Inglaterra I, Chipping Norton y los Cotswolds

8 de julio: en primer lugar, la voluntad de volver al bolígrafo, de tomar notas en un cuaderno comprado ex profeso para la ocasión. también la pretensión de una estancia en Inglaterra a la vieja usanza, dejándose llevar por el camino y sorteando imprevistos sin necesidad de consultar el navegador.

sentado en la sala de embarque, frente a las pistas, contemplo absorto el encendido malva que anuncia el amanecer, con el sol forjándose a fuego lento en la fragua del horizonte, visible entre los aparatos todavía durmientes. lectura dispersa de una antología de poetas ingleses del siglo XX. un verso de T. Hardy: "Twice no one dies".

apenas 14 pasajeros en el avión. ¿inesperado jet privado o despilfarro energético? hora y media más tarde, bajo las nubes, vislumbramos un archipiélago de islas diminutas, pero densamente pobladas, cercanas a la costa. la vida en liliputiense. ¿y los sueños?

un accidente en la autopista nos obliga a modificar el plan inicial. de Gatwick a Oxford en tren, con transbordo en Reading. después, tal como teníamos previsto, autobús de línea hasta Chippy. ya en los Cotswolds, visión desde la carretera de un bosque infinito solo interrumpido por los gruesos muros y los cottages construidos con la característica piedra caliza de color miel. tan solo un espejismo que oculta la sed de prados, cultivos y barbechos. tras unas semanas sin lluvia, bajo un sol implacable, la verde Inglaterra amarillea por doquier. 

Chipping Norton, aparente tranquilidad de una población que en verano, amparada en una luminosidad irreal, es un goce para los sentidos. puntualización posterior de A -nuestra anfitriona- conforme incluso en el paraíso existe la lacra de la violencia de género. desbordante vitalidad de A cercana ya a la ochentena. en su mirada se acentúan los vivos colores del rojo, el amarillo, el fucsia o el lila de su querida malvarrosa, que florece exuberante por todos los rincones de la población.

domingo, 1 de septiembre de 2019

el jardín inglés

Imagen cortesía de Núria Estrada
Our bodies are our gardens
(W. Shakespeare)

to Alison

1 de la madrugada. tercer día de las fiestas del barrio y Σ cierra de golpe su diario, desbordado o inerme ante el desquiciador cóctel de calor sofocante, música ensordecedora, y constante ir y venir bajo su balcón de faunos y bacantes con ganas de jarana hasta que alumbre el alba.

"¿cómo va por allá? ¿podrás sobrevivir? ;)" el jocoso mensaje de Φ y la conversación que le sigue devuelven Σ las imágenes del reciente viaje de ambos a los Cotswolds: las colinas y los prados interminables; las carreteras estrechas en las que la frondosidad de los márgenes alimentaban la ilusión de estar atravesando túneles excavados en el follaje; o los largos paseos por las calles y los alrededores de poblaciones como Burford, Woodstock, Guiting Power o Lower Slaughter (con su tradicional arquitectura de piedra caliza dorada, sus eclécticos museos, las iglesias de vitrales generosos y camposantos entre la maleza, o sus concurridos pero apacibles pubs centenarios), reaparecen con la pátina acuosa de lo indeleble.

Ruleta rusa