Mostrando entradas con la etiqueta A y Ω. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta A y Ω. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de marzo de 2019

amanecer en libertad

ya de vuelta por el camino de ronda, a esa hora tardía en que languidecen los paseos y el solaz en la arena, se detienen en un banco frente a la bahía para disfrutar del inesperado baño de luz con que se despide febrero. Ω apunta la cámara hacia el sol poniente buscando captar su estela luminosa sobre el mar aquietado. luego, insatisfecha con la armonía que transmite la imagen, cambia el ángulo de disparo hasta que astro y reflejo quedan cercados por los barrotes de la barandilla que protege el recoleto mirador.

martes, 1 de enero de 2019

el verso

But all's closed now, despite Time's derision.
(Thomas Hardy)

en la primera secuencia la cámara nos sitúa en el rellano de la escalera de un hostal. resuenan risas, pasos urgentes, acentuados por un plano holandés que nos escamotea sus rostros. torpes, atropellados, consiguen finalmente abrir la habitación, que, una vez dentro, cierran a cal y canto. pronto la ropa de él se amontona sobre las baldosas, en tanto ella decide permanecer en ropa interior. la colcha vuela por los aires y se esparce el golpe blando de sus cuerpos cayendo sobre el colchón. entonces confidencias, miradas, silencios abren una sinfonía perfecta, contrapunteada por el roce impreciso de manos, labios, cuerpos que -en esta encendida hora de una tarde de primavera- se descubren con la firme voluntad de alojarse para siempre en lo desconocido.

sábado, 11 de agosto de 2018

Portbou

el tren deja atrás el túnel y su traqueteo se agota lánguidamente bajo la colosal marquesina de hierro y vidrio de la estación. después de tantos años, Ω se abandona a la monumentalidad del espacio -pronto escamoteada por la sorda algarabía de la docena escasa de pasajeros-. luego cruza el vestíbulo desierto, desciende la escalinata ante la que se abre la población y, sin prisa por presentarse en el hotel, sube hasta la iglesia de Santa María, desde cuya explanada contempla la panorámica de la bahía. de su callejear preliminar anota los siguientes detalles: las continuas pendientes de una trama urbana ya de por sí apretada y alambicada; lo abigarrado y trasnochado de viviendas y comercios; los cascos desarbolados del antiguo ayuntamiento o el hotel Portbou. por lo demás, perplejo ante la carencia de recuerdos visuales de su primera visita, decide prolongar su estancia dos días más.

lunes, 8 de agosto de 2016

Ω

Ω recelaba del dolor como forma de conocimiento. a diario, su coartada existencial se dirimía en la sigilosa pugna entre un caprichoso anhelo de trascendencia -significara lo que significara esta-, y un irrenunciable sentido del deber hacia toda forma de placer efímero. pero los festivos, Ω se solazaba con dilemas más sencillos: el regalado aroma de la bullabesa del bar de la esquina, los ronroneos de un gato agradecido, la música de las palabras stellafiume o pensierola siempre inagotable contemplación de una réplica del Jardín de las delicias.

lunes, 1 de agosto de 2016

A

a A le maravilló aquel vetusto hotel frente al mar para el que parecían no haber pasado las décadas. lo había entrevisto unas cuantas veces desde la carretera, y siempre había tenido deseos de alojarse en él. por supuesto, no esperaba gran cosa en lo tocante a la comodidad, pero teniendo en cuenta la monótona inercia de su existencia (no mucho menos previsible que el 98 por ciento* de la de su otrora admirado Phileas Fogg), resulta comprensible que experimentara cierta equívoca satisfacción ante aquel abigarrado cúmulo de inconvenientes en forma de humedades, tufo a rancho marinero ahogado en ajo, un conserje reñido con la cortesía, y un catre que competía en escandalera con los quejíos de suelos, escalera y vecinos metidos en faena. lo cierto es que A estaba resuelto a que nada ni nadie se interpusiera en su anhelo de conseguir todavía no tenía muy claro qué en la semana siguiente.

jueves, 14 de julio de 2016

palimpsesto



dada la íntima convicción de A del carácter palimpséstico de la naturaleza humana, no resultó nada sorprendente que, al término de su incesante pesquisa alrededor del yo originario, A tan solo pudiera reconocerse a sí misma en la reescritura de Ω

domingo, 10 de abril de 2016

reloaded

20 años más tarde y con 3 o 4 vidas -si no más- ya agotadas, se apalanca en la terraza de un bar con sus gafas de sol, la sonrisa petrificada y una coca-cola en la mano, como en una de esas radiantes mañanas de resaca de cuando tuvo 20 años...

sábado, 2 de abril de 2016

primavera, acto primero

en estos días de aniquilación líquida en que la fiebre y las imágenes deslavazadas desplazan de sus rutas habituales cuerpo y memoria, en que las pupilas apenas pueden posarse sobre las gotas de lluvia desmayada o las solapas de un libro, aflora de repente aquella otra primavera como un instante extrañamente luminoso y creativo de tiempo detenido, grato e intenso sin empalagos ni estridencias.

martes, 8 de diciembre de 2015

diciembre

diciembre. la puerta emergiendo del mar, sin más eje que el oleaje, con su umbral impreciso, en el que antagonías como dentro o fuera, borroso o nítido, siempre o ayer, no son sino vías de agua abiertas en la clepsidra.

amanece diciembre y Ω cierra el libro en la misma página en que lo abrió. sube la persiana y, con el silbido de la cafetera, aparta los platos sucios para dejar espacio a las tostadas, la mermelada y el queso fresco. no le apetece ir al trabajo, tampoco encender la televisión o revisar el correo electrónico. fija su mirada extraviada en la puerta debatiéndose en el mar, mientras presiente la clepsidra trazando círculos cada vez más estrechos sobre su cabeza.

Ruleta rusa