Mostrando entradas con la etiqueta El vuelo místico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El vuelo místico. Mostrar todas las entradas
jueves, 28 de julio de 2016
espera, vacío, contemplación, silencio...
SÓLO la soledad resuena larga
igual que cola o viento.
Vienen
desde el vacío las palabras,
nos poseen desnudos en su centro abrasado
y en él nos desengendran
para hacernos nacer.
Escucha
como en soledad despierta,
inaudible, la pura raíz del aire.
(JOSÉ ÁNGEL VALENTE, "Segunda oda a la soledad, fragmento", en Fragmentos de un libro futuro.)
domingo, 12 de junio de 2016
mística en alpargatas #2
...cuatro tablas que acarreasde tus cien mil naufragios
intermitentes,
y que son salvación,
advertencia y sino;
cuatro tablas carcomidas,
a modo de cadalso, que,
con cada chasquido,
te aproximan al vacío
que se abre a tus pies, y al que,
ya en el límite de la inconsciencia
e indiferente a más señuelos,
te abandonas
con cada poro de tu piel
repentinamente
excitada...
viernes, 15 de enero de 2016
mística en alpargatas
viernes, 19 de octubre de 2012
"Alrededor de Pilatos, Jesús y la cruz", por Inmaculada Calderón (Plumas ajenas #7)
If Jesus had been killed twenty years ago,
Catholic school children would be wearing
little electric chairs around their necks
instead of crosses.
(Lenny Bruce)
(Lenny Bruce)
- Crucifixion?
- Yes.
- Good. Out of the door, line on the left, one cross each.
(Monty Phython, Life of Brian)
No es que nos prodiguemos mucho en esta bitácora, como bien sabéis, en temas religiosos. Fuera de una entrada dedicada a la presentación del libro de Halil Bárcena, Sufismo, las menciones en 20años... a cuestiones o personalidades pertenecientes al ámbito religioso son, de tan contadas, prácticamente nulas. Tal vez a ello haya contribuido nuestra fervorosa descreencia, cierto cansancio hacia figuras, religiosamente hablando, para nosotros poco modélicas -léase aquí el totum revolutum de la jerarquía eclesial católica- y, last but not least, el alto listón que al respecto del tratamiento satírico de lo religioso dejaran figuras como las arriba citadas o, sin ir más lejos, el arcipreste de Hita o el anónimo autor del Lazarillo de Tormes. Aun así, estando Nadie el otro día de cháchara inmanente con una de nuestras más fieles lectoras, M. T., la cosa fue tan alto, tan alto, que a la trascendencia dio alcance. Una trascendencia que tenía nombre propio, el de Inmaculada Calderón (poeta, editora, filóloga y teóloga), y un origen: una discusión -en el buen sentido de la palabra- de foro acerca de la responsabilidad del "catalán" (ver enlace) Poncio Pilato en la muerte de Jesús, que derivó en el análisis del procedimiento escogido para su ejecución y del cómo dicho método había acabado colgando del cuello de millones de fieles por todo el mundo. Lo que sigue es un extracto de aquella admirable conversación:
Sobre la responsabilidad en la muerte de Jesús:
A Jesús ya lo había sentenciado el Sanedrín, que era a quien en realidad molestaba. A los romanos las disputas religiosas entre judíos les daba igual, ellos tenían algo más importante que hacer que descubrir y ajusticiar falsos mesías: ellos tenían que mantener el imperio conquistado en paz para poder seguir conquistando más. En cuestiones religiosas lo único que les importaba era que se diera culto al emperador, porque eso formaba parte de la garantía de unidad del imperio. Pero los dioses que fueran adorados a su lado, les daban lo mismo. El problema con los judíos, que más tarde fue mucho mayor con los cristianos, era que se negaban al culto imperial porque su monoteísmo se lo impedía. Por eso tenían un estatuto especial y siempre andaban en la cuerda floja.
lunes, 30 de julio de 2012
Monk Know, Monk Know
Freud escribió con razón que un artista
es un neurótico que se cura a sí mismo.
La especificidad de un jazzman es identificable ante todo por su expresión del tiempo en la música. En ella imprime una pulsación personal que es reconocible entre mil. McCoy Tyner está delante del tiempo, Hank Jones encima, Herbie Hancock dentro, Dexter Gordon detrás, cada cual su ritmo, cada cual su voz. Pero Monk está en todas partes a la vez. Su dominio del tiempo es tal que parece liberado de él. Y el silencio, que usa con tanta finura, no es realmente un suspenso, como es el caso del maestro del sobreentendido, Ahmad Jamal, o una elegancia suprema y mínima, como Basie; es, al contrario, una necesidad, cuya evidencia deslumbra cuando se oye. No, este silencio no es más que una parte, llamativa por su singularidad, del conjunto de su música. Es una herramienta de creación, una especie de fenómeno audible y cuantificable que revela un proyecto mucho más especial, mucho más arriesgado: el de inventar el tiempo (Monk, Laurent de Wilde).
Mucho antes de que se retirara de la vida pública hubo periodos de alteración. En un club de Boston se quedó inmóvil ante el piano, presionando las teclas, sin sonido, durante tantísimo tiempo que, al final, sus adláteres abandonaron el escenario. Estaba oyendo algo que ellos no oían.
Tras largos silencios, solía decir: "Monk sabe. Monk Sabe" (Contrapunto, Don DeLillo).
Hoy lunes, en ALGO MÁS QUE RUIDO, tenemos el placer de ofreceros uno de los grandes temas de Thelonious Monk, "'Round Midnight", en una actuación grabada en 1966 para la televisión de Polonia. Pero, por si queréis conocer más a fondo al hombre, al genio, os dejamos el enlace al extraordinario documental de Charlotte Zwerin Straight No Chaser (en versión original). Así describe DeLillo el principio del mismo: "una secuencia inicial con Monk en escena -de pie, girando sobre sí mismo-, con su banda detrás tocando. [...] Monk efectúa esos giros sobre sí mismo varias veces en el transcurso de la película: vueltas de meditación que podrían constituir una variante bop de alguna danza mística de algún derviche".
miércoles, 4 de julio de 2012
Hay dos modos de conciencia
Leemos en un ensayo de M. (un dicharachero, apasionado y caótico profesor de secundaria, al que tuvimos el placer de conocer en casa de A., en Barcelona), las siguientes palabras al respecto de las ideas de José Ángel Valente y Antoni Tàpies:
"Se trata de una reflexión en la que se describe nuestra época como un tiempo de miseria, un período en que el olvido de lo sagrado (condenado a la mudez y al descrédito por el ruido del pragmatismo a ultranza) ha traído consigo para la poesía y las artes en general la pérdida de su horizonte gnoseológico, que estos autores reivindican. Por supuesto, no se trata tanto de negar el conocimiento de base racional o lógica, como de hacer patentes los límites del mismo. Sin embargo, se censura esa concepción del conocer orientada a la sola adquisición de una serie de habilidades de carácter técnico, al tiempo que se propugna una práctica del arte y de la poesía como vía de acceso a un conocimiento de tipo hermenéutico.
"Se trata de una reflexión en la que se describe nuestra época como un tiempo de miseria, un período en que el olvido de lo sagrado (condenado a la mudez y al descrédito por el ruido del pragmatismo a ultranza) ha traído consigo para la poesía y las artes en general la pérdida de su horizonte gnoseológico, que estos autores reivindican. Por supuesto, no se trata tanto de negar el conocimiento de base racional o lógica, como de hacer patentes los límites del mismo. Sin embargo, se censura esa concepción del conocer orientada a la sola adquisición de una serie de habilidades de carácter técnico, al tiempo que se propugna una práctica del arte y de la poesía como vía de acceso a un conocimiento de tipo hermenéutico.
sábado, 30 de junio de 2012
Viajaba ayer Dosto por el metro a primera hora...
...camino de su último día de trabajo, oyendo en su reproductor uno de tantos de esos impecables desarrollos musicales de los Doors, cuando de repente, dejándose llevar por la cadencia de la música, entornó los ojos e inició con su cabeza un rítmico balanceo en espiral hacia izquierda y derecha, y así repetidas veces, sin tener conciencia alguna de adormecimiento, solo sintiéndose parte de la música, de sus huesos, de su sangre, de su infierno, entrando en esa dimensión otra, de la que salió sino cuando sintió la detención del convoy -justo era su parada-, que aun así fue leve, como un consejo cómplice, en absoluto airado con su propio cuerpo. Volvían las luces, al tiempo que se desvanecía la iluminación interior. Y aunque toda la jornada, hasta ese momento, había sido extrañamente ajena, en ese instante le sobrevino una insaciable paz íntima. Había vuelto a experimentar uno de esos momentos que irónicamente denomina de "incitación mística", en los que uno siente cómo actúa sobre él la más radical suspensión de la ecuación espacio-tiempo, al tiempo que se abre y vacía el túnel de lo incognoscible, lo oculto e indivisible; segundos en los que tal vez alcanzar el brillo de las escondidas regiones que Don Quijote atisbara en su descenso a la cueva de Montesinos; o en los que sentirse tomados por la experiencia iluminativa zen del satori, descrita por José Ángel Valente alrededor del siguiente poema de Tchao-Pien:
jueves, 7 de junio de 2012
Sufismo
La verdad es que desde esta modesta bitácora no podemos más que declararnos maravillados (anonadados sería, de hecho, la opción lingüística idónea) por un acto que nos ha parecido una hermosa lección de sincera y humilde espiritualidad. Así, tras una breve introducción por parte del director de Casa Asia y el editor de Fragmenta, daba inicio la sesión con la ejecución de algunas piezas incluidas en el CD. A la extraña musicalidad que a nuestros occidentales oídos suponen los timbres de instrumentos como el ney (un tipo de flauta) o el rebáb y el 'ûd (ambos instrumentos de cuerda), se han unido un par de danzas giróvagas, una de ellas realizada por el escritor. Piezas de reconcentrada intensidad, en las que ejecutantes y danzantes buscan experimentar esa gozosa armonía que surge del nuclear encuentro entre interioridad y exterioridad.
sábado, 2 de junio de 2012
La épica y la mística
¡También es casualidad! Estábamos ayer a última hora de la tarde a punto de cerrar el chiringuito cuando hete aquí que aparece nuestro buen amigo Martín Medrano con un par de botellas de vino tinto, y sobraron ganas para multiplicar panes, peces, olivas, hamburguesas, aspavientos, risas y lo que hiciera falta, e improvisar un señor συμπόσιον que, más allá del habitual comentario de arranque alrededor de la troglodítica política de nuestros des(Gobiernos), nos llevó pronto a otro de nuestros temas estrella favoritos: el fútbol de hoy frente al de ayer, o lo que es lo mismo, el deporte rey "made in gimnasio" frente a la épica y la mística de los "únicos e inigualables" (con permiso de Messi).
Lo cierto es que el inicio de la conversación fue de antología, con un impresionante despliegue de sesudas argumentaciones alrededor de la Liga, la Lega y la Premier en las cuatro últimas décadas, dejando los matices para puntuales pero impactantes apuntes sobre fútbol "argento". Claro que, conforme el vino espesaba nuestros respectivos aparatos circulatorios, las tesis y los impactos dieron fueron cediendo terreno al mucho más entrañable campo del anecdotario vario: Alfredo di Stefano llevando la pelota de punta a punta del campo con 35 tacos en sus botas en su quinta final europea; aquel otro inolvidable jugador blaugrana del equipo de las "cinc copes", excelente goleador como mujeriego y borrachín, y al que siempre empujaban hacia la ducha -por supuesto, con agua gélida- para que pudiera saltar al campo en condiciones. Por su parte, Martín nos explicó un caso parecido al de don Alfredo, pero de un vecino suyo de ¡ochenta tacos! Fue justo antes de que nos arrastrara a los infiernos de la melancolía y la nostalgia irremediables, cuando mirando fijamente al crepúsculo sentenció que los cambios sufridos en las dos últimas décadas por el fútbol y el deporte en general habían condenado al olvido toda aquella épica de antaño para siempre jamás.
Lo cierto es que el inicio de la conversación fue de antología, con un impresionante despliegue de sesudas argumentaciones alrededor de la Liga, la Lega y la Premier en las cuatro últimas décadas, dejando los matices para puntuales pero impactantes apuntes sobre fútbol "argento". Claro que, conforme el vino espesaba nuestros respectivos aparatos circulatorios, las tesis y los impactos dieron fueron cediendo terreno al mucho más entrañable campo del anecdotario vario: Alfredo di Stefano llevando la pelota de punta a punta del campo con 35 tacos en sus botas en su quinta final europea; aquel otro inolvidable jugador blaugrana del equipo de las "cinc copes", excelente goleador como mujeriego y borrachín, y al que siempre empujaban hacia la ducha -por supuesto, con agua gélida- para que pudiera saltar al campo en condiciones. Por su parte, Martín nos explicó un caso parecido al de don Alfredo, pero de un vecino suyo de ¡ochenta tacos! Fue justo antes de que nos arrastrara a los infiernos de la melancolía y la nostalgia irremediables, cuando mirando fijamente al crepúsculo sentenció que los cambios sufridos en las dos últimas décadas por el fútbol y el deporte en general habían condenado al olvido toda aquella épica de antaño para siempre jamás.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





