sábado, 3 de enero de 2015

ajuste de cuentas (onirotario, 1 de enero)

En el fondo, todo placer es, en realidad,
un alivio de la inmensa carga de la vida.
(Corre, Rocker, Sabino Méndez)

recién lavada la cara, con la modorra todavía a cuestas, pero también dueño de una -teniendo en cuenta el día- impensada lucidez, el escritor de fin de semana anota en su onirotario la primera entrada del año que despunta, la dedicada a sus new year's resolutions.

y en cabeza, como todos los años, la voluntad de abandonar para siempre sus vanos intentos de adquirir un inglés conversacional fluido. para la número dos, toma aire, e imagina una ordalía masoquista de mancuernas, testosterona y variadas tablas de abdominales, que rápidamente pone por escrito para olvidar cuanto antes. llega la tercera, toma un largo sorbo de café ardiente, luego otro, y a falta de mejores ideas, deja la estilográfica, se levanta y rebusca en su discoteca de urgencia, tanteando esa extraña alquimia por la que el leve posarse del índice sobre los lomos de los volúmenes prenda la magia.

beggar's banquet, the rolling stones. sus pupilas sobrevuelan indefensas los diversos grafitos del infecto retrete de la portada, hasta detenerse en la paracaidista desnuda y en su imposible salto cañería abajo. ¿formará ella también parte del banquete de los mendigos, de la sal de la tierra? ¿encontró, en aquel convulso año 68, algún instante en que mostrar su simpatía hacia el satánico? NO EXPECTATIONS!!, clama otro grafito de la pared, y en ese leve azote de la percepción que sobreviene entonces, el escritor de fin de semana cree sentir, agudo y concentrado, todo el dolor y el miedo, toda la rabia y la impotencia de tantos años de estafa. pero esto es 2015, el año en el que el luchador callejero se ha conjurado (en la calle, en las urnas) para tirar de la cadena. así que devuelve el disco a su sitio, regresa al papel, y deja que la pluma vierta la narración sobre el blanco con toda la nitidez del deseo: los ojos del luchador, el gesto decidido de la mano, la impetuosa irrupción del chorro de la cisterna, el agua que no arrastra y amenaza con desbordarlo todo mientras el fétido olor se expande por doquier... el luchador, venciendo su repugnancia, se asoma al repulsivo espectáculo que se desarrolla en la taza del váter, donde cual enardecidos mojones se debaten los austericidas: "más allá de nosotros, el caos", aúlla un barbudo de ojos enfebrecidos. "no expectations?", ironiza el héroe callejero. "¡AJUSTE DE CUENTAS!". y arroja todo tipo de desatascadores químicos y vuelve a tirar de la cadena. pero todo es en vano, el tapón no cede. semidesmayado, es consciente de que en cualquier instante la presión de los mercados puede hacer estallar el inodoro. solo entonces, cuando lo único que queda a mano es la desesperación, le viene a la memoria el viejo truco casero: agarra el mocho, lo introduce en la taza, y empuja y empuja hacia abajo hasta que llega el sonido liberador. ¡VICTORIA!

la primera hora de la tarde se enreda entre las manos del escritor de fin de semana en plena sobremesa con su pareja. los gestos, las miradas, el ritmo intermitente con que se sucede sobre los platos el oleaje de los comentarios y los silencios denotan que ambos están, en realidad, ausentes. sinceros hasta la contrariedad, todavía se quieren, e incluso, de tanto en tanto, se desean. no contemplan, a día de hoy, posibilidad de ajuste de cuentas alguno al respecto de la cuestión. en el fondo, ambos parecen extrañamente aliviados, una vez anclada la convulsa pasión animal del inicio, en esta otra forma más rutinaria y difusa del amor.

tres cuartos de hora más tarde, ella ha salido a dar una vuelta por el centro con su madre y él apila unos libros sobre su escritorio de fin de semana. "ajuste de cuentas." sigue dándole vueltas a un sintagma tal vez categórico en exceso para alguien que, con suerte, encara el último tercio de su existencia. abre su cuaderno de notas, arranca las páginas escritas por la mañana, y garabatea en grueso rojo: "rock'n'roll". y concluye: "elegía". le viene a la memoria la conversación de hace una semana con un amigo profesor: "hoy es difícil encontrar un adolescente que sepa el nombre de alguno de los rollings. ¡pero si ni siquiera les suena "satisfaction"!". anota, sin aflojar el ímpetu, nuevas palabras: "rebeldía", "héroes", "negocio", "ubi sunt?". el sueño ha terminado, también en su propio día a día, pero en cierto modo se siente en deuda con aquel tiempo y aquellas canciones: "si alguna vez tuvimos alguna cosa parecida a una educación sentimental, existencial, cultural, sexual, esta fue el rock'n'roll, que conformó nuestra percepción de la realidad, dio forma a nuestra expresividad (con el lenguaje, el cuerpo o la mente) y nos hizo perder el miedo a otras forma de cultura hasta entonces intimidatorias en su supuesta inaccesibilidad", escribe no sin rubor de pedantería.

luego, su mirada sobrevuela algunos de los libros recientemente adquiridos: El estado de las cosas, Alaska y los Pegamoides: el año en que España se volvió locaJoy División: el fuego helado o The Smiths: música, política y deseo. textos que hablan de las canciones del ayer, pero escritos desde el hoy; que proponen no tanto la reescritura de aquella historia, como una más veraz y desmitificadora visión de ella, una vez definitivamente apagados los destellos cegadores. los mismos que él quisiera recuperar hoy en su postrero brillo. "una imagen -un local, de hecho- resume todo lo que supuso para mí aquella agitada década de los ochenta de sida, reconversión industrial y movida madrileña: en la sala Zeleste, la nula distancia entre bandas y público (potenciada por la mínima altura del escenario) era una clara invitación a salvar toda barrera entre el héroe y su público, entre el sueño imposible y el sueño hecho realidad."

(el escritor de fin de semana contempla ahora una vieja fotografía en blanco y negro de aquel otro bass player de fin de semana que nunca supo en qué lado del escenario estaba. un lector poco avezado podría interpretar que se trata del mismo individuo con dos o tres décadas menos, pero en el fondo todos sabemos que no hay ningún parecido entre ambos usufructuarios del mismo cuerpo, salvo la terca querencia a deambular en el ensueño de las tierras de nadie, lejos, bien lejos, de ajuste de cuentas ninguno.)

7 comentarios:

  1. Así que deambulando en tierras de nadie, estimado Nadie, a principios de año. Noto un cierto aire melancólico en su texto... ¿Sabe qué? Déjese estar de fruslerías. Olvide el inglés, el gim, los austericidas infectos, el WC de los Rollings (más infecto aún), esa Penélope desencantada y vuelva a mirarse, de nuevo, al joven bajista de hace dos, tres décadas. ¿Qué le queda por hacer que sea absolutamente insoslayable? Y ¿qué o quiénes es imprescindible que le acompañen en su camino, qué o quiénes necesita tenerlos junto a usted, cogidos de la mano?

    Hace un día precioso, luminoso, perfecto. Tan perfecto como el resto de su vida. No renuncie a nada: ni a lo insoslayable, ni a quienes esperan su mano para acompañarle en el camino.

    Y a los austericidas, que les den.

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    1. ¿Dónde dice que para esta mañana? Porque cojo la chaqueta y voy. Y que conste que esto no es una proposición deshonesta, sino mucho más que eso. Usted sube la moral más que un chute de Bupropion y una peli de los Marx combinados (y a los austericidas, que les den).

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    2. Yo solo pido que este 2015 no nos durmamos esperando la llegada de las urnas supuestamente redentoras. Sería ingenuo esperar que los nuevos elegidos nos solucionaran todos los problemas. La clave sigue estando en cada uno de nosotros/as.

      Curiosamente antesdeayer por la noche, con fiebre en la cama, veía en el ordenador el Irish Tour de los Stones en 1965 pero reconozco que yo siempre he sido de los Beatles si bien no los encuentro excluyentes.

      Un generacional abrazo

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  2. Bueno, bueno, bueno... sinceramente, no es lo mismo que esté en el gobierno alguien que te ahoga que alguien que te ayuda a salir adelante. Se supone que el gobierno debería ayudar. Lo curioso es que nadie espera eso de los gobernantes, que tiene delito. A ver si en Grecia logran dar el campanazo y la gente toma las riendas de su país de una buena vez. Qué increíble que a todos algo así nos parezca una absoluta utopía.

    Por mi parte, de los Beatles de toda la vida de dió. Y me temo que Nadie es un beatlemaníaco de los que se saben hasta el número que calzaba Lennon. O casi.

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  3. Me cazó, M.T. De hecho, M.T., Gatopando, por aquellos años era común citar a Lou Reed, los Pistols o los Stones como primeros influjos, aunque la mayoría hubiera mamado su primera leche musical en las canciones de los 4 fabulosos de Liverpool, cuyo éxito, por supuesto, se codiciaba emular. En cuanto a las urnas y los austericidas, coincido con ambos. Harán falta muchos esfuerzos, tanto de los próximos gobernantes (si finalmente hay cambios), como por parte del ciudadano de a pie. Si una lección ha quedado de esta estafa a la que se ha llamado crisis es que quien va a votar, se lava las manos y delega, y no vuelve hasta cuatro años más tarde, tal vez para entonces lo haga -y perdonen la expresión- con el culo al aire. Un cordial saludo y espero que ya esté restablecido, Gatopando.

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    1. Oiga, ¿y qué número calzaba Lennon...?

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    2. ¡Ja, ja! ¿Qué Lennon? ¿El europeo o el africano?

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