conforme se adentraban en la espesura, surgía ante sus asombradas miradas una miríada de sentidos con sus ineludibles enigmas, paradojas e incertidumbres, que les hizo creerse -quién sabe si vanamente- dueños de un inmenso tesoro de conocimiento, un valioso filón de sensaciones, una inagotable mina de experiencias. de ahí que no les sorprendiera comprobar, al despertar de su sueño, que al abrigo del silencio y la cómplice oscuridad, gente alevosa y ruin los hubiera despojado de todo, incluso de las paranoias.
un secreto de colores chillones un latido rectangular un espejo todavía palpitante y húmedo un frasco con los siete mares dentro un libro liberando palabras bajo la lluvia. un pájaro de alas horadadas batiendo nubes en platos azules, un parpadeo precipitándose en el remolino de un vaso de vino, una sonrisa con sabor a despedida, el gran ojo que apenas ve ya irrumpiendo en el paraíso de lo multiforme. hasta el último semáforo -justo sobre la línea de meta-, su vida fue una fuente de paradojas y azar inagotable...
en menos tiempo del que se invierte en urdir una crisis (económica, social, moral, cultural) y su supuesta salida de ella, el profesor había pasado de tener que justificar ante sus alumnos la necesidad de la presencia de la literatura en las aulas, a tener que disculpar la supervivencia de la simple lectura
largo camino, que se ha hecho interminable. pleamar de las dunas, donde se detienen vehículos sin conductor, porque ha desaparecido en algún recodo del lento camino, queriendo olvidar. risotadas y aullidos de mil noches lejanas retumban en las oquedades de su cabeza. hombre envase retornado a la luz (a sus rescoldos o cenizas, en el ojo de la nada). los labios de la brisa acarician su piel bañada en sombras. cruza sus entrañas, de improviso, el deseo de que alguien le recoja de la cuneta para hacer con él cuanto le apetezca. ¿por qué no ella, devuelta una y otra vez por la memoria sin raíces?
entre los pliegues de la pálida luna de otoño antes del mito y de la memoria de la serpiente y su saurio anidan rep tan copu lan cuerpos que (sangresaliva sábana- sima dentellama) se contraen anudan maduran revientan como racimos
'round about midnight
se levanta el ritual (violeta ofidia de la vulva) y el viento se abre paso con la quietud de un latido hasta más allá de las avenidas recogiendo el velo que pende sobre sus cuerpos inertes ya solo sombras arriadas clepsidras abatidas sobre la arena
paseando por el parque, a primeros de septiembre, el hombre sin vacaciones encuentra en uno de sus extremos, junto al vallado, una silla de madera plegada apoyada contra la hiedra que cuelga del muro. mientras se levanta una brisa vivificante, abre la silla, aceptando lo que toma por invitación a una aleatoria evocación de los veranos pasados o deseados...
…que le devuelve al tiempo en que, con la sola ayuda del atlas escolar, callejeaba por Londres, Nueva York o Pekín, o anclaba su deseo aerostático entre las paredes de Pompeya, Petra o Machu Picchu; el mundo era infinito como el vuelo de un diente de león, a pesar de que se circunscribiera a la latitud y la longitud de un sofá con los muelles salidos; en aquellos años de relojes chapoteando en Mirinda naranja, sus padres se conjuraron para darle cuanto ellos nunca tuvieron. lástima que el sol hiciera las maletas con más frecuencia de la deseable, dejándolos a todos con un palmo de narices.
afirmaron para conseguir nuestra adhesión y complicidad que la alambrada que alzaban tenía como misión protegernos de la barbarie. para cuando nos quisimos dar cuenta, el alambre de espino delimitaba nuestra libertad y los bárbaros éramos nosotros.
abres los ojos, te empapas de claridad y dejas fluir la mirada al compás de los reflejos de la luz sobre el agua clorada. ¿es este el sentido de la existencia? ¿la memoria de un destello sumergiéndose complacido hasta el fondo de lo celeste?
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locus amoenus MMXV: piscina bajo los olmos, el trino contrapuntado de las aves y el auxilio intermitente de las nubes y una lata de cerveza 0,0 en una atmósfera amarilla cargada de bronceador. las horas se deslizan suaves y líquidas sobre la tumbona, con el niño zambulléndose una y otra vez en busca de imaginarios peces de colores, y la pequeña enseñando a mami sus primeras brazadas sin manguitos. ¿qué podría arruinar esta plegaria al dolce far niente, este momento de banal eternidad en la misma casa rural de todos los veranos? no el runrún de los otros huéspedes, ávidos de experimentar el catálogo de maravillas naturales y culturales de la zona; tampoco los avatares del deporte o la política nacional; ni tan siquiera -al menos hoy no- los malos ratos pasados que han hecho del último año el peor de tu exitosa carrera profesional.
Dándole todavía a Nadie vueltas en la cabeza el clarividente resumen de los efectos de la era Thatcher desarrollado por Owen Jones en el segundo capítulo de Chavs, le sedujo la idea de aportar su granito de arena a la creación de un lema síntesis de valores, de segura utilidad en el adiestramiento de futuros cachorros de cualquier partido de naturaleza neocon (y alguno "neolab"), y que no es otro que el de las tres íes: INTERÉS (el suyo, claro), INIQUIDAD E INCOMPETENCIA (el orden de los factores no altera el subproducto). Aplíquese todo ello en la versión más selectiva y farisaica posible del arcaico noblesse oblige (o lo que es lo mismo, siguiendo el modelo de la fábula del burro y la zanahoria), y sírvase bien bronco y difamatorio en el momento de la caza del zorro (perdón, del votante "con aspiraciones"). Por supuesto (¡solo faltaría!), Nadie admite calificativos de sectario, comunista o progre trasnochado. Vale.
después de contemplar el resultado durante horas (solo interrumpidos por el bosquejo de alguna discusión sibilina y el enojoso relincho de un unicornio estarcido ebrio de protagonismo) seguían sin ponerse de acuerdo en la cuestión del alma de cuál de los dos, artista o retratado, reflejaba con fidelidad la obra.