viernes, 5 de enero de 2018

confluencia

tras el paseo bajo los tilos desnudos, rubricado por la lectura y la conversación en el café del casino, se devuelven al hostal. recogen la llave, cruzan trivialidades con la patrona y, antes de recluirse en la habitación, se detienen ante el ventanal con visillos para retener en sus oídos los pasos de los viandantes, de vuelta al hogar con los regalos de Reyes.

suenan las siete en el carillón y algo taumatúrgico e impreciso se esparce por la sala al calor del fuego recién encendido, en la sutil confluencia del vocerío regocijado, el sosiego espeso del día vencido o las revoltosas pavesas anihilándose en la penumbra. entre sus manos entrelazadas, ningún atisbo de nostalgia de los buenos tiempos, ni cardenal alguno por los golpes que ya no saben...

tan solo una sensación de armoniosa complicidad casi olvidada, invitándoles a dejar agonizar los dados en el cubilete, sin dar pábulo a las sombras circulares del tiempo...

2 comentarios:

  1. Se le adivina bien avenido (por no emplear un término más manido). Si así es: enhorabuena!

    Feliz travesía, -más que nunca-.

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    1. Muchas gracias. Feliz travesía también para usted. Nos vemos en su cuaderno de bitácora.

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